Lamentable recreación de los años jóvenes de Lorca, Buñuel y Dalí en la Residencia de Estudiantes del Madrid de los años veinte, unos ambientes y unos personajes que están contemplados a través de ese filtro de pandereta que, con contadas excepciones, acostumbran a utilizar los cineastas extranjeros cuando se aproximan a nuestra historia y nuestro paisaje físico y moral, en este caso unos locos años veinte nacionales y la juventud de unos genios que precisamente se encuentran en proceso de hallar su propia genialidad. Un tema, un tiempo y unos tipos apasionantes, que la película desaprovecha con tanta torpeza —lo reduce a una historia de amores despechados entre jóvenes maleducados—, como escaso “respeto” por sus protagonistas, pues convierte a Lorca en un beatorro atormentado por sus preferencias homosexuales y a Buñuel en un homófobo de tomo y lomo, reservando para el “genial” Dalí el papel de vendido al capital y juguete en manos de su musa Gala, unas visiones, en todos los casos, igual de insoportables por lo interesado o por lo ramplón de sus planteamientos.
PEDRO URIS |