Una escena de SOMERS TOWN.
(3) SOMERS TOWN, de Shane Meadows
Los tropecientos golpes

Tras la impactante This is England, con la complicidad de su protagonista, Thomas Turgoose, Shane Meadows apuesta por una comedia con aspecto de pequeña fábula, atenta muy especialmente al nacimiento y desarrollo de la amistad entre dos jovencitos bastante perdidos en una gran ciudad, el hijo de un obrero polaco con demasiados fracasos a sus espaldas y un desarraigado adolescente que ha llegado a Londres sin dejar nada absolutamente en el norte. Amistad que atraviesa fotografías, pequeños delitos y una compartida inclinación amorosa por una camarera francesa y que va revelando, sin la menor estridencia, siempre en una clave de pequeño relato, una serie de carencias y de dificultades difíciles de resolver en una sociedad como la actual.
Resuelta en un frío blanco y negro —salvo en la secuencia final, que posee connotaciones de irrealidad-—, la cinta de Meadows es un prodigio de sencillez y complejidad, de humor y de amargura, capaz de desgranar una sucesión de dudas e interrogantes sin dar otra impresión que la de limitarse a caminar al lado de sus protagonistas. Un film tan hermoso como útil, enormemente respetuoso con los personajes y con el espectador, sin concesiones al mal gusto o a la fácil gratificación: como una especie de carta de presentación de unos críos cuyo descubrimiento del mundo nos convierte en cómplices de su mirada y en inquietos reconocedores de unos determinados paisajes, personajes y vivencias. Una auténtica gozada, con diálogos cargados de espontaneidad y sinceridad, que invita a compartir dosis de vitalismo (el paseo de la chica con la silla de ruedas hasta su casa) que no dejan de evidenciar la problemática real.

LLORÉNS