Una escena de STILL WALKING, de Hirokazu Kore-eda
(4) STILL WALKING, de Hirokazu Kore-eda
Rebelión y reencarnación

Hirozaku Kore-eda dirige una historia intimista, basada en su propia novela e inspirada en la muerte de su madre y las conversaciones sobre su infancia mantenidas en los últimos encuentros. La verdad y la calidad de la mirada del director japonés son deudoras evidentes de la experiencia, mientras que la sencillez aparente del argumento, escenario y casi unidad temporal son en realidad pequeñas teselas que completan un cuadro complejo. Cuando el verano termina, una reunión familiar en casa de los abuelos es el marco en el que se inscriben las relaciones con la hija y el hijo, bajo la sombra del hijo ausente, que será piedra de toque reveladora de conflictivas emociones ocultas. Al tiempo que la “abnegada” abuela prepara la comida, agasaja a hijos y nietos, cada pequeño gesto, cada línea del diálogo aportan pinceladas de indiferencia, ingratitud, egoísmo, celos, rivalidades, reacciones tardía, silencios rotos cuarenta años después, que se expresan entre líneas, con el apoyo de las tradiciones y ritos o en el cuestionamiento de todo lo pasado. La infatigable madre, pendiente del último detalle, el padre que jamás adquirió la fluidez del cariño, el modélico hijo inmolado en un acto heroico de dudoso resultado, la hija que carga con su legado de género, el otro hijo menospreciado en las expectativas paternas, hijos políticos, nietos... relaciones cruzadas, únicas y complejas.
El tema central de Still walking puede remitir a Ozu y sus Cuentos de Tokio, pero la expresión de la crueldad refinada, turbadora, como vía de escape cuando no es posible otra comunicación está muy cerca de otros cuentos, los de Murakami, donde los personajes también se enfrentan a pérdidas, a vacíos imposibles o al vuelo de una mariposa y se sienten muy lejos de aquellos que deberían estar muy cerca. Still walking deja gotear los conflictos que subyacen en la apacibilidad prefabricada de la vida familiar, pero sobre todo descubre que las personalidades son más bien actitudes anquilosadas, a fuerza de intentar encajar en la estructura del grupo, con mayor o menor fortuna, para salir lo más indemnes posible. La minuciosidad con que Kore-eda describe cada uno de los personajes, incluso a los niños, y lo sintético de sus retratos conmueven al espectador, agradecido al permitírsele conocer por sí mismo el pasado que a penas se expone, la dinámica de las relaciones, trufada de hipocresía, amor y deber, así como adivinar las secretas herencias, que como un regalo que no puede abrirse antes de tiempo despejan en su debido momento las incógnitas, revelando las respuestas a lo que no entendimos, asumiendo lo que se aborrecía en nuestros padres, aceptando la reencarnación tras la rebelión.
HIROKAZU KORE-EDA: Críticas de NADIE SABE (2.155) y HANA (2.268, 2.304).

EVA PEYDRÓ