Estreno con retraso —es anterior a American gangster, por citar la siguiente película interpretada por Russell Crowe— de este thriller realizado por el también actor John Polson, que se reclama en clave independiente, suponemos que por la falta de acción, y que resulta bastante difícil de asimilar por la escasa consistencia de todos sus elementos, especialmente el fantasmal personaje a cargo del citado Crowe, un policía que sabe más que los psiquiatras y acosa a un asesino que ha salido de prisión al estar convencido de que volverá a matar (incluso le tiende una trampa de dudosa validez legal), al tiempo que atiende a una esposa que se encuentra en coma profundo en un hospital. Un trabajo que el actor confiesa haber aceptado por su amistad con el realizador, despejando de este modo una de las dudas que tuve durante toda la proyección, ¿qué hace alguien con tanta capacidad de elección como Russell Crowe en esta película y en este personaje?, aunque no así las restantes, porque los otros dos personajes, el killer y la adolescente neurótica, tampoco andan sobrados de fundamento, especialmente la segunda, como tampoco pisa mucho suelo el personaje de la tía que interpreta Laura Dern, y menos todavía los textos en off que abren, aparecen de cuando en cuando, y cierran el film, todo un compendio de sentencias de supuesto calado “profundo”, que en su extrema simpleza —gilipollez, en lenguaje más coloquial— revelan de modo explícito los mimbres de pacotilla que sustentan esta prescindible producción.
PEDRO URIS |