No conozco el relato de Richard Matheson (El increíble hombre menguante y El último hombre vivo, entre sus excelentes novelas llevadas a la pantalla) en el que, según los títulos finales, se inspira la película, pero su condición de corto, según se especifica también en dichos títulos, hace pensar que los responsables del film se han sacado bastantes cosas de la manga, perdón de la imaginación, tal es el conjunto de majaderías con el que nos obsequian fotograma tras fotograma, en una pretendida fábula sobre la insolidaridad humana que, desde otros planteamientos y miradas, podría funcionar como reflexión sobre lo fácil que es ignorar el dolor ajeno, incluso la muerte, cuando sucede lejos de nosotros, cuando le afecta a un desconocido (las víctimas de todo tipo que a diario vemos en las noticias de televisión, por ejemplo), pero que en este caso sólo es una historia poco o nada creíble en la mayoría de sus situaciones y giros, y desde luego insuficiente y pedante en cualquier alcance moral que pretenda.
PEDRO URIS |