Una escena de THE FALL. EL SUEÑO DE ALEXANDRIA.

(3) THE FALL. EL SUEÑO DE ALEXANDRIA, de Tarsem Singh

Fantasía visual y autodestrucción

En el Hollywood de los años veinte, un especialista lesionado convalece en un hospital donde inicia una relación con la pequeña Alexandria, una niña inmigrante de cinco años que también ha sufrido un accidente laboral al caer de una escalera cuando recolectaba naranjas. La amistad interesada del adulto se basa en la seducción a través de un relato improvisado sobre la venganza de cinco héroes míticos, que va narrando en sus encuentros para conseguir que la niña robe morfina para él y así poner fin a su vida, acabada en lo profesional y en lo amoroso. Esta extraordinaria historia de aventuras, viajes, encuentros fantásticos e ingenuidad consiguió el Oso de Cristal de la Berlinale 07 y el Premio a la Mejor Película en Sitges 07, arrebatándoselo a Rec (Plaza-Balagueró, 2007). La imaginación y el talento estético de su director, Tarsem Singh, rey del videoclip en los 90 («Losing my religión», REM), hallan su reflejo en esta película que él mismo ha producido y que tardó cuatro años en completar. Rodada en más de treinta localizaciones, que incluyen diversos enclaves de India (Agra, Fatehpur Sikri, Chennai, Jodhpur, Cachemira), Bali, Sudáfrica, Rumanía, Maldivas, Praga, Bolivia o Turquía, donde el paisaje y la monumentalidad se recrean y transforman al ritmo de las aventuras y necesidades del relato, para extraer su poder de fascinación y evocación más allá de la monumentalidad arquitectónica, al servicio de una historia violenta y pretendidamente pesimista en su belleza, una auténtica épica de autodestrucción.
Al contrario de lo que pudiera parecer, no nos encontramos ante un vacuo producto esteticista que apuesta por el impacto visual, ya que el guión estructura a la perfección la alternancia entre los episodios en el hospital y los estallidos de color y acción del cuento, apoyándose mutuamente en la creación de significado y sustancia narrativa, conectando personajes y emociones. A través de las aventuras de los cinco héroes, escrutamos la segunda «caída» del narrador y mientras vemos desarrollarse la relación entre el adulto y la pequeña, los personajes inventados van muriendo según su creador cae más profundamente en la depresión.
Resulta difícil no emparentar The fall (2006) con El laberinto del fauno (Del Toro, 2006), en cuanto a la confrontación de una dura realidad y una no menos dura fantasía, la imaginación personalísima de su director y el excelente resultado final. Imágenes poderosas que reflejan emociones potentes. Por otra parte, la dificultad de resolver las transiciones entre la narración y lo narrado se supera con creces, a través de recursos visuales como la mariposa que se transforma en una isla, el café derramado como sangre, la transformación de personajes del hospital en aventureros legendarios, etc., que dan textura instantánea a lo evocado. La banda sonora de Krishna Levy es muy adecuada, aunque se impone en algunos momentos, y el allegretto de la séptima Sinfonía de Beethoven, sobre todo cuando acompaña las últimas imágenes del film en homenaje a los especialistas, emociona tanto como la tremenda actuación de la pequeña Catinca Untaru.

EVA PEYDRÓ