Guy Pearce en una escena de TRAIDOR.
(2) TRAIDOR, de Jeffrey Nachmanoff
Células durmientes

Un entretenido thriller “político”, en la limitada acepción que al término concede la industria norteamericana (poco que ver con sus homólogos europeos, ya sea Costa Gavras, Elio Petri o Francesco Rosi), que comparte espacio, el terrorismo global, y planteamientos, el entretenimiento global, con títulos como Syriana o la reciente Red de mentiras, para proponernos un hábil relato de agente infiltrado (una circunstancia que la película mantiene oculta hasta un contundente punto de giro en el último tercio del film, pero que, por contra, el trailer desvela como si tal cosa), en el que las amenazas llegan de la mano de las células durmientes que el terrorismo islamista tiene asentadas en los USA, con la intención de desencadenar el pánico en un momento preciso con una serie de atentados suicidas concentrados en el tiempo pero situados en partes muy distantes del territorio nacional; aunque tampoco se escatiman las miradas críticas sobre los métodos de sus servicios de inteligencia.
La película describe, sin demasiada complejidad pero con gran habilidad, los diferentes estadios, mecanismos y momentos de estas organizaciones terroristas características de nuestro tiempo; vincula con idéntica destreza las dos historias centrales, a cargo de los agentes que interpretan, muy ajustadamente en ambos casos, Don Cheadle y Guy Pearce; y maneja con eficacia la soledad y el fatalismo al que se ve condenado su protagonista (brillante el momento del tiroteo con su superior), completando de este modo, tal como sucedía con las dos películas citadas anteriormente, un buen ejemplo de digno cine comercial, de mesurado contenido ideológico, y con buenas observaciones sobre las redes del terrorismo global de nuestro tiempo.

PEDRO URIS