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| Jennifer Connelly y Keanu Reeves en una escena de ULTIMÁTUM A LA TIERRA. |
| (2) ULTIMÁTUM A LA TIERRA, de Scott Derrickson |
| Alienígenas ecológicos |
Nada más conocer el inminente estreno de este remake de Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951), me puse a temblar. Pero, afortunadamente, el film de Scott Derrickson apenas distorsiona el mensaje del film original —en todo caso lo actualiza— y no abusa en exceso de la tecnología digital que lo reduciría a un mero espectáculo pirotécnico, si bien no puede evitar caer en los convencionalismos propios del género. La aportación más significativa del relato de Wise, que lo encumbró a la cima de la ciencia-ficción, fue el testimonio de una posible llegada de seres extraterrestres a la Tierra para aniquilar al ser humano por su tendencia destructiva y el inusual llamamiento a la paz y la concordia, consecuencia de la psicosis nuclear que forjó el fin de la II Guerra Mundial y el inicio de la guerra fría. En la versión actual, enfriado el pánico ante la posibilidad de un desastre nuclear, los alienígenas pretenden destruir a la Humanidad por la amenaza de una catástrofe medioambiental global que la actividad humana está a punto de provocar. Ello le permite al director reflexionar sobre la naturaleza humana, quiénes somos, cómo vivimos y el impacto que nuestra existencia tiene en «nuestro» planeta, asumiendo finalmente la advertencia —el abuso de la ciencia, la naturaleza indómita, la maldad humana (homo homini lupus, Thomas Hobbes)— que recoge, por definición y desde sus orígenes, la ciencia-ficción en todos sus formatos. La conclusión está verbalizada por la protagonista del film: hace falta llegar hasta el límite para que se produzca un cambio, un gran giro en nuestro modo de vivir. PAU VANACLOCHA |