Catherine Deneuve en una escena de UN CUENTO DE NAVIDAD
(4) UN CUENTO DE NAVIDAD, de Arnaud Desplechin
La médula familiar

Sin ser invitados, pero con el permiso de Arnaud Desplechin, nos introducimos en el plasma de la familia Vuillard, que dialoga, monologa, escribe y dibuja un panorama navideño cuanto menos particular. Especial, porque entre los miembros vivos y muertos de este linaje las líneas que separan estados emocionales, mentales, enfermedades físicas o de psiquiatra, adquieren las formas de lo inaudito o lo sublime, pero nunca se trazan con el color de lo entrañable. La locura, la cordura, el aborrecimiento, el amor, la paranoia, la melancolía o la esquizofrenia se confunden con toda naturalidad, en la amalgama de los distintos ingredientes con que se forjan las relaciones familiares.
La acertada técnica de Desplechin consiste en descarnar la institución, desplumar «lo que debería ser» y sobre todo aceptar «lo que es», descubriendo la médula (la gran metáfora del film) que vertebra un grupo que se asocia sin elección, dejando al aire lo que les une y les separa. Las posibilidades de desarrollar o aniquilar la propia personalidad, la deuda de la autorrealización o su ausencia, no se hacen pagar en un aquelarre navideño, en Roubaix. Si las cuentas no se saldan, es porque son una poderosa razón de ser. Un cuento de Navidad (2008) es una película viva, vibrante, cuyo volumen cambia ante nuestra mirada en un constante desafío en cuanto a narratividad, a las voces del relato, al desplazamiento desde lo central a lo secundario y al revés. Los múltiples personajes que transitan con sus propias razones, pero a los que la enfermedad enlaza sin contar con ellos, jamás logran reequilibrar el grupo familiar, porque tenemos que admitir que nunca estuvo equilibrado, siempre fue unos pasos por delante de la cordura.
Un cuento de Navidad nos ofrece una renovada combinación de música e imágenes, con diálogos que compiten con el jazz, unas originales y sutiles transiciones de tono, de la comedia al drama y toda la gama intermedia, incluyendo el elemento fantástico como transformador, una inteligente visión de los variados temas tratados, desde la religión a la filosofía, a la psiquiatría, el arte, la literatura o el álgebra, con unas interpretaciones sobresalientes de Catherine Deneuve y Jean-Paul Roussillon, Mathieu Amalric, Anne Consigny, Emmanuelle Devos, Chiara Mastroianni y otros grandes actores. En la mente de su director planeaba Saraband (Bergman, 2003), aunque los Vuillard no se hubieran sentido extraños en el vecindario de los Tenenbaum.

EVA PEYDRÓ