Maya Rudolph y John Krasinski en una escena de UN LUGAR DONDE QUEDARSE.
(2) UN LUGAR DONDE QUEDARSE, de Sam Mendes
En busca de la felicidad

El británico Sam Mendes, brillante director teatral que destacó en la prestigiosa y exigente Shakespeare Royal Company, desde su debut como realizador cinematográfico en 1999 con American Beauty ha centrado parte de sus películas en analizar y diseccionar todas las miserias de la familia media americana. Mientras se estaba llevando a cabo la postproducción de la estupenda Revolutionary Road (2008), Mendes comenzó a rodar Un lugar donde quedarse, seguramente para huir de los esquemas de gran producción y escoger la línea de una película independiente, con intérpretes poco conocidos y un equipo mínimo. A partir de un guión original de Dave Eggers y Vendela Vida, el film nos presenta la historia, dividida en cinco capítulo y un epílogo, de una pareja insatisfecha (estupendos John Krasinski y Maya Rudolph) con su vida en un aburrido y pequeño pueblo, y el ataque de pánico que sufren cuando descubren que van a ser padres. Tras conocer que no contarán con la ayuda de los padres de él porque abandonan la localidad, deciden viajar visitando a amigos y familiares con el fin de hallar trabajo y recalar en un lugar más agradable. En realidad intentan escapar de una vida anodina y encontrarse a sí mismos. Este recorrido le sirve a Mendes para mostrarnos una serie de extravagantes personajes, extraídos de la vida cotidiana, observados por la pareja con auténtico asombro. Un poco cursi en determinados momentos (las empalagosas relaciones de la pareja), divertida en ocasiones, Un lugar donde quedarse es una simpática comedia que, al contrario del pesimismo de otros films del director, deja un horizonte final abierto a la esperanza.

VICENTE