(1) UNA CONEJITA EN EL CAMPUS, de Fred Wolf
 

Anna Faris, conocida por su protagonismo en la franquicia de Scary movie, encarna a Shelley, una chica «Playboy» que debe abandonar la mansión de Hugh Hefner (participa como él mismo) de la noche a la mañana y que se recoloca como preceptora en una hermandad universitaria, precisamente la que reúne a las estudiantes más marginadas del campus. Con esas bazas, Karen McCullah Lutz y Kirsten Smith (las guionistas de Una rubia muy legal, 2001) pergeñan una comedia sin pretensiones, en la que es de agradecer que no se abuse de las ordinarieces ni de los dobles sentidos a que se prestaba la biografía de la protagonista. Las dotes comunicativas de la ingenua explosiva logran salvar la casa de la hermandad, a base de nutrir la autoestima de las estudiantes frikies, primero con extensiones, maquillaje y consejos de ligoteo, y después con un discurso del tipo «la belleza va por dentro». La tierna simpatía que inspira Anna Faris (a la que también vimos en pequeños papeles en Lost in translation, de Sofia Coppola, 2003, y en Brokeback mountain, de Ang Lee, 2005) y la espontaneidad de Emma Stone hacen soportable un film perfectamente olvidable, en el que podemos ver a Rumer Willis (hija de Bruce) y a Colin Hanks (hijo de Tom). El resto de personajes de la hermandad está desdibujado y los tipos son desacertados, ignorando los recursos humorísticos y los gags divertidos de verdad que se podrían extraer de sus peculiares personalidades. Las frikies son adorables y las pijas odiosas, pero al menos Faris no es Goldie Hawn y eso nos permite seguir mirando a la pantalla hasta el previsible y empalagosamente feliz «the end».

EVA PEYDRÓ