Adaptación fílmica de la temprana y poco conocida obra escénica «Easy virtue», escrita en 1924 por el actor y dramaturgo británico sir Noel Coward (1899-1973) con su proverbial ingenio y elegancia, que nos remite por sus características a recientes versiones cinematográficas de piezas teatrales de Oscar Wilde. En Una familia con clase la suave ironía del autor, acusado por algunos de excesiva ambigüedad y complacencia con la clase alta, se convierte en decidida sátira y la brillantez de los diálogos no impide verificar una clara voluntad de crítica social.
El film del australiano Stephan Elliott (Sydney, 1964), con la participación del guionista Sheridan Jobbins, arranca con un tono de comedia que va diluyéndose para dejar emerger unos rasgos más dramáticos, ubica la trama entre los locos años 20 y los sombríos 30, establece como telón de fondo la campiña inglesa donde una burguesía con aristocráticos modales victorianos disfruta sus privilegios sin percatarse de su progresiva decadencia y erige como eje narrativo la confrontación entre la norteamericana Larita y lady Whittaker, nuera y suegra, representante una de la modernidad y la otra de la tradición, el progreso frente a la reacción.
La película enriquece el magnífico trabajo interpretativo de las actrices y actores (Jessica Biel, Kristin Scott Thomas, Colin Firth, Ben Barnes) con una serie de aportaciones en torno al crepúsculo de una época, con el advenimiento de nuevos valores sociales y morales, que nos permiten contemplar junto a las consabidas comidas rituales, paseos por el campo y banales conversaciones, algunos intencionados planos de campesinos y de servidores de la mansión que vienen a sugerir que los tiempos están cambiando. Son años posteriores a la Gran Guerra, con la incorporación de la mujer al trabajo, su emancipación sexual, el maquinismo (coches, motos, electrodomésticos) e incluso nuevas formas de ocio con la aparición del tango y del jazz.
Estados Unidos y Francia como nuevos mundos emergentes frente a la fosilizada y conservadora Gran Bretaña, la positiva valoración del cuerpo humano, la espontaneidad, la naciente mirada ecologista o la eutanasia surgen, no sin esfuerzo, contra un viejo orden que se resiste a desaparecer: el puritanismo, la hipocresía, la represión, el machismo, la caza del zorro y los ancestrales privilegios de casta. En este relato sobre públicas virtudes y vicios privados, el choque entre las dos protagonistas, entre la forastera intrusa y la matriarca del clan, no sólo es de orden físico y psicológico sino también económico y social.
Resistencia a los cambios, intransigencia ante la emancipación femenina, guerra contra la indecencia, condena y destrucción de los rebeldes son la norma hasta llegar a un final «subversivo» que empareja a los outsiders. Son ellos los que, lejos ya del viejo caserón familiar, conducen su BMW deportivo hacia nuevas rutas de libertad y felicidad.
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