Tom Cruise y Bill Nighy en una escena de VALKIRIA.
(2) VALKIRIA, de Bryan Singer
Técnica del golpe de Estado

Lo más endeble de este film escrito por Christopher McQuarrie y dirigido por Bryan Singer, que ya colaboraron en la interesante Sospechosos habituales (1994), es el trabajo interpretativo de Tom Cruise, bastante plano, cuyo rostro apenas evoluciona desde su primera aparición hasta la tragedia final en que desemboca la historia, si exceptuamos ese parche que utiliza para ocultar el ojo que le extraen tras resultar herido en un ataque de las fuerzas aliadas. Se nos ofrece muy poca información sobre su «toma de conciencia» en contra del tiránico régimen de Adolf Hitler, solamente se apunta su adscripción al catolicismo. Ya en la primera escena lo vemos en la campaña militar del norte de África, concretamente en Túnez, como oficial de una unidad especial de tanquetas del general Rommel, escribiendo en su cuaderno de notas las discrepancias contra los excesos del nazismo. Como Cruise ha participado en la producción a través de la firma United Artists, ha impuesto su sello de héroe a la americana, lo que empobrece el personaje del joven (36 años) y apuesto Claus von Stauffenberg, procedente de una familia aristocrática y coronel del Estado Mayor del ejército alemán que en 1944, tras ser operado de sus graves heridas, tenía acceso directo a Hitler y que el 20 de julio de 1944 intentó asesinarlo para propiciar un golpe de Estado que acelerase el final de la 2ª Guerra Mundial. Sin embargo, están muy bien el resto de actores que aparecen como secundarios, casi todos británicos: Terence Stamp, Kenneth Branagh, Bill Nighy, Tom Wilkinson, Kevin McNally, Christian Berkel y David Schofield.
Concebido como un hábil thriller de suspense, casi a lo Hitchcock (cartera-bomba depositada debajo de la mesa de reuniones de los altos mandos militares con Hitler), lo mejor de Valkiria es asistir a lo que se podría denominar «técnica del golpe de Estado», con el necesario descabezamiento del dictador, el papel que jugaban en aquella época los medios de comunicación (las noticias radiofónicas y, sobre todo, esa sala de teletipos que es fundamental para ir impartiendo órdenes), la forma piramidal del ejército que propicia que la cadena de mando vaya ejecutando determinadas decisiones (muchas veces con escritos entregados personalmente) y el papel de determinados mandos que no participan en la conspiración, pero que hacen la vista gorda para mantenerse en un plano oportunistamente neutro, «por si acaso», y la necesidad de culminar todo con la creación de un gobierno provisional que intentaría firmar la paz con los aliados. Por otra parte, es interesante que el film nos dé a conocer que no todo el ejército alemán en bloque apoyó siempre al führer, sino que tuvo sus disidentes, como este grupo de militares y civiles con Claus von Stauffenberg como punta de lanza, y que pagaron con su vida su arriesgada tentativa.
Rodada en inglés, casi toda en los Estudios Babelsberg, próximos a Berlín, y con un presupuesto de 66 millones de dólares, se ha reproducido estupendamente la denominada Guarida del Lobo, donde Hitler sufrió el atentado, y los despachos del Ministerio de la Guerra. Ello contribuye a la solidez del producto, aunque estemos muy lejos de la calidad de El hundimiento. Valkiria simplemente entretiene.

VICENTE