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No es mala idea adaptar nuevamente una de las novelas más populares del imaginativo escritor Julio Verne, sobre todo ahora que los trucajes han sufrido una revolución a través de los efectos digitales. El film del debutante Eric Brevig (ha sido director de efectos especiales en films como Abyss o Desafío total) se ha rodado en 3D, aunque en España solamente se han distribuido 30 copias con está fórmula. El trabajo de postproducción ha durado dos años.
El realizador valenciano Juan Piquer, actual director de la Mostra, ya dirigió en 1976 una adaptación de la novela, con el veterano Kenneth More, Pep Munné e Ivonne Sentis de intérpretes. Pocos medios para un producto digno. Mayor interés posee la versión de 1959 de Henry Levin, un clásico del cine fantástico juvenil, con unos estupendos James Mason, Pat Boone, Arlene Dahl y Diane Baker, una buena ambientación y efectos especiales, sin olvidar la música de Bernard Herrmann. Ahora, tres guionistas han unido sus esfuerzos para escribir una nueva historia, fiel al original en lo esencial, aunque la acción está situada en el momento presente. Como en las versiones anteriores, los protagonistas principales son un científico (Brendan Fraser, que alterna en la cartelera La momia 3 con este film), su sobrino (Josh Hutcherson: Un puente hacia Terabithia) y la chica de turno (la islandesa Anita Briem), que en el original de Verne era un explorador. Al margen de los efectos especiales (casi todo el film está rodado en estudio), la nueva versión de Viaje al centro de la Tierra resulta mínimamente entretenida, sobre todo para un público infantil y muy juvenil, en el que no falta el sentido del humor, aunque como suele pasar en la mayoría de los casos del actual cine fantástico, los avances tecnológicos se comen la historia y sus personajes. Por cierto, al final se da a entender la producción de un nuevo film relacionado con un viaje a la Atlántida. El filón está abierto.
VICENTE |