Las hadas de una conocida serie de televisión italiana hielan la sangre de cualquier espectador que no sea una niña de siete años y nos conmueven hasta el tuétano con el escalofrío que se siente al comprobar lo mal que lo ha hecho la Humanidad. Los componentes del Winx Club adiestran en las más bajas artes del coqueteo facilón y la seducción más chabacana a sus pequeñas espectadoras, transmitiendo el valor de la apariencia y de que la vida no se disfruta sin un macho al lado. Melenas de extensiones infinitas, maquillajes de profesional, delanteras dignas de la Champions, cinturas de avispa y culos respingones, en desafío a la gravedad. Todo aliñado de réplicas subordinantes al jovencito con quien se emparejan y a su indiscutible superioridad, por más que las hadas estén instruidas en sus respectivas artes y defensas. Al final, por muy capaces que sean, ellas son las que van de paquete en la moto.
EVA PEYDRÓ |