TODO EMPEZÓ EN 1969

ABELARDO MUÑOZ: Subido al transporte urbano contempla la maravillosa variedad étnica del pasaje y piensa que no todo está perdido. Es una secuencia de mestizaje social que ya deseara medio siglo atrás cuando, viajando en el metro de Paris, anhelaba ese mestizaje para su país. ¿Qué nos queda del flower power de hace medio siglo?La aceptación creciente del diferente, el ecologismo, la solidaridad e igualdad. Todo ello son efectos larvados a lo largo de media centuria de luchas pacificas. Una torrentera de cambios mentales. Los hoy folclorizados hippies sembraron bien el futuro. En realidad fue en 1969 cuando empezó todo. Adelantándose a la democracia inminente un año antes abrió el primer local hippy de la ciudad, Capsa 13, y en el barrio del Carmen comenzó a escenificarse el relato de la contracultura a escala local. La apertura del garito de la calle Ripalda precipitó la aparición de muchos otros, hoy desaparecidos, y que deberían figurar en el panteón de los pioneros. En la vieja morería valenciana empezó todo y no hay ninguna placa que lo recuerde. Son las mismas calles, pero ha cambiado el paisanaje. El Carme arrastra sin pena ni gloria su condición de barrio emblema. Cuando hacer fiestas abiertas no era incorrecto y las distintas tendencias eróticas y filosóficas convivían con la creación de nuevas ideas. El Parterre era el gran terreno comunitario del momento. Bien es verdad que la inocencia de los inicios de los chicos y las chicas hippies se empezó a torcer con la aparición de la transgresión tóxica, o más exactamente, el consumo descontrolado de drogas.

Cuando todo parecía un Californian dreamin apareció la pandemia del caballo que inundó el barrio hippy de la ciudad. Hincó los dientes en dos sectores sociales extremos, los pijos que volvían de la India y los proletarios marginales, los quinquis y pandilleros de barrio. De tal manera que, en menos de una década, el caballo transformó el panorama carmenero y devastó a su gente más vulnerable. Fue por entonces cuando bandas de minoristas calós se instalaron en el barrio para trapichear y apareció la Brigada 26 de la policía local para repartir leña. El jefe de esta unidad temible declaró que estaba inspirada en la policía turca que él mismo estudió en un viaje a Estambul.
Los jóvenes universitarios se dedicaban al antifranquismo; en ese terreno de la incipiente política también había dos tipos de rebeldes, aquellos que se incorporaron a la acción antifranquista y subversiva casi marcialmente, alimentados por las potentes pilas ideológicas de marxismo, y los que practicaban el espíritu libertario de Woodstock como si fueran anglosajones. Ambas tendencias iban en la misma dirección, dar la vuelta a la tortilla. Pero mientras los primeros querían cambiar el régimen, los segundos querían subvertir el sistema. Eran hippies más filosóficos que ideológicos, y así les fue. Chapotearon en la utopía y salieron malparados. Fue también por entonces que empezaron a circular las primeras hierbas paisanas. La de la Costera tenía bastante fama. Y los viajes de ácido, el pasotismo beat y la música, sobre todo la música. Raimon para los ideólogos, Hendrix para los antisistema. Hubo también un tercer sector que combinó ambas tendencias. Política y contracultura y evitando el puritanismo de los partidos emergentes. Cincuenta años después de Woodstock las cosas se han puesto muy negras para el planeta pero el espíritu rebelde sigue palpitando en muchos veteranos corazones. 

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