VUELVE A LAS SALAS POR NAVIDAD: EL CINE DE ESTAS NAVIDADES

PEDRO URIS: Durante el largo intermedio vacacional invernal de las fiestas navideñas —sentimientos religiosos y familiares a flor de
piel con el contrapunto pagano de fin de año justo en el centro— se acostumbra a salir más de lo que aconsejaría el termómetro. Ya sea por aquello de comer con la familia, comprar los regalos, confraternizar en la cena de empresa o simplemente sacar a pasear a unos niños
que ya llevan mucho tiempo en casa. Buen momento, pues, para entrar en una sala de cine y descubrir que hay ficción más allá de las plataformas digitales. Este artículo pretende ser una modesta guía de la oferta que encontraremos en la cartelera valenciana si, finalmente, tomamos esa buena decisión. Y comenzamos con las propuestas que pueden resultar más útiles para el lector —ya sea en su condición de
papá, tío o abuelo… que a esta publicación también le gusta eso de ser transversal, aunque sólo sea de vez en cuando—, las destinadas al público infantil, este año de nuevo bendecidas por esa calidad cada vez más frecuente en el cine de animación familiar. Algunas ya con algunas semanas en cartel y convenientemente referenciadas por nuestro especialista, como Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina) y Paddington 2 (Paul King), ambas con argumentos más que suficientes para reclamar nuestra atención; y otras de inminente estreno como Ferdinand (Carlos Saldanha), protagonizada por un toro bravo que no quiere ser de lidia, un mensaje que resulta especialmente oportuno en una sociedad como la española. Un apéndice a este cine para toda la familia —o cine destinado a los niños, si queremos

expresarnos con mayor precisión— son, precisamente, las películas protagonizadas por niños, un subgénero por lo general de muy poca calidad —notables excepciones, aparte— que, por lo que parece, no va a subir el listón en estas navidades: Wonder (Stephen Chbosky) y El libro secreto de Henry (Colin Trevorrow), en ambos casos protagonizadas por niños con evidentes singularidades, el primero por una aparatosa deformidad de su físico y el segundo por ser un superdotado. Junto con el cine infantil, las fechas navideñas son especialmente propicias para el desembarco de eso que llamamos blockbusters, que son películas (norteamericanas preferentemente) que cuestan mucho dinero y que esperan recaudar todavía mucho más. Algunas ya se encuentran en cartelera como Asesinato en el Orient Express (Kenneth Branagh), enésima versión de la novela de Agatha Christie; La liga de la justicia (Zack Snyder), nuestra correspondiente ración de súper héroes; y Star Wars. Episodio VIII. Los últimos Jedi (Rian Johnson), que supongo hará felices a los incondicionales de la saga aunque yo me desanimo sólo con leer el título. Y otras ya con las lanchas de desembarco preparadas, como El gran showman

(Michael Gracey), sobre la vida de P.T. Barnum, el creador del circo moderno. El buen cine, objetivo al fin y al cabo de esta publicación, sigue estando presente en Navidad con algunas propuestas realmente singulares y arriesgadas como El sacrificio de un ciervo sagrado, del griego Yorgos Lanthimos, o En la playa sola de noche (Hong Sangsoo). También con otras de maneras narrativas más tradicionales, como Suburbicon (George Clooney) y En realidad nunca estuviste aquí (Lynne Ramsay), buena muestra de ese cine norteamericano que sigue manteniendo el aliento. Y, finalmente, con un título tan novedoso como El sentido de un final (Ritesh Batra), que explora los vínculos entre dos territorios antagónicos de la existencia: cuando todo va a comenzar y cuando todo va a terminar. El tránsito hacia la madurez y el tránsito hacia la nada. Vamos, los dos puntos de giro de esa ficción que llamamos vida humana. Suma y sigue el buen cine con el esperado estreno del último trabajo de Woody Allen, Wonder Wheel, una historia de pasiones ambientada en el Coney Island de los años cincuenta; o de la reciente Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, The disaster artist, un film realizado y protagonizado por el actor James Franco, que recrea el proceso de producción de The room, una película realizada en 2003 por Tommy Wiseau, que pasa por ser una de las peores de la historia del cine. El cine español sigue, relativamente, bien representado en esta cartelera navideña, con una propuesta tan interesante como El autor (Manuel Martín Cuenca) a punto de salir de cartelera — es posible que ya no esté cuando estas líneas lleguen a sus manos—; y con otras resistiendo aguerridamente, como La librería o Perfectos desconocidos, los últimos trabajos de acreditados cineastas nacionales como Isabel Coixet o Álex de la Iglesia. Y, finalmente, si uno es un cinéfilo impenitente y nostálgico —que alguno que otro hay o habemos— siempre tenemos la Filmoteca para disfrutar de los grandes clásicos del cine, este año con inmejorables propuestas, como el ciclo dedicado al francés Jean Pierre Melville, sobre el que escribí hace un par de semanas; los últimos coletazos del dedicado al gran Joseph Losey; y diversas entregas de otros sugestivos ciclos en curso, como Viridiana (Luis Buñuel, 1961), dentro del dedicado al centenario de Muñoz Suay; El sueño eterno (Howard Hawks, 1946), en el del cine negro clásico; y Sólo los ángeles tienen alas (Howard Hawks, 1939), en el cara a cara Ford vs Hawks. Lo dicho, para estas navidades cine en salas, cine en vena.

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