TENET, de Christopher Nolan

CONFUSO PASTICHE

(1) PAU VERGARA: Tras varios aplazamientos, por fin, hemos tenido la oportunidad de ver Tenet, la esperada película de Christopher Nolan. Hablar de Nolan, es hablar de tiempo. Tiempo amnésico de Memento, tiempo cuántico de Interstellar, tiempo dentro del tiempo de Origen, tiempo de grises y sombras del Caballero Oscuro.

Nolan, es un malabarista del tiempo fílmico. Pero todo buen malabar corre el riesgo de fracasar en su acrobacia, en el más difícil todavía. Y ese ha sido el resultado de Tenet, un confuso pastiche temporal con muchos ingredientes y con poca emoción. Pero vayamos por partes. La película abre con una espectacular secuencia de un atentado en la ópera de Ucrania. Si algo sabe hacer el director británico es rodar cine de acción. Aquí aparece nuestro protagonista, un John David que no es ni Daniel Craig, ni Sean Connery. Reparte dos o tres mandobles, pero transmite poco.

La historia genera expectativa, aunque a mitad del metraje se adentra en el confuso camino del espacio tiempo. La idea está clara: la existencia de dos mundos paralelos en el que el futuro puede modificar el pasado, y el pasado al futuro. Nolan pone en marcha su malabarismo temporal, pero se vuelve tan opaco y complicado que no se entiende nada. El final es el principio, y el principio, el final. Sin necesidad de usar recursos narrativos como el flash-back, nos cuenta primero el pasado, que para el espectador es el presente. El ataque a la ópera sería de hecho, el final. Pero como digo, Nolan ha decidido dar pocas explicaciones y llega un punto donde hay tantos elementos sobre la mesa que no se sabe bien lo que está contando.

Las formas narrativas son complejas, pero los personajes carecen de profundidad dramática. Kenneth Branagh compone un malvado traficante de armas que parece que ande estreñido durante buena parte del metraje. Existe alguna reminiscencia con el Klaus Maria Brandauer de Nunca Digas, nunca jamás (Never say nevera again) , la ochentera y última película de Sean Connery como 007, pero poco más. También queda confuso el nexo de unión con su mujer (Elizabeth Debicki), el drama con su hijo, pero por encima de todo, la falta de empatía e interacción dramática entre Tenet y ella. El dúo no funciona. Y no hablamos de sexo. Nos preguntamos si ¿la salva por amor?, ¿Por deseo?, ¿Por interés?, ¿Se sugiere que en el futuro podría ser su pareja? Un tango como el que bailaban Sean Connery y Kim Basinger en Nunca digas, nunca jamás  hubiera bastado. Esa falta de emoción es una constante en toda la película. El desenlace resulta aún más desconcertante, con varias acciones temporales al mismo tiempo, y donde después de dos horas y media uno ya ha renunciado a buscarle sentido a todo aquello que aparece en la pantalla.

Si Dunkerke es la obra cumbre hasta la fecha de Christopher Nolan, Tenet es, sin duda, su peor película. Y a pesar de todo, vale la pena ir a verla. Hay algo enigmático y misterioso, un atrevimiento que solo él se ha podido permitir. Y hemos llegado al final de esta crítica, que bien podría ser el principio.

 

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