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GALERÍA SECRETA DE PERSONAJES Y LUSTRES. ORTIFUS

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CARLOS MARTÍNEZ: El lustrísimo Ortifus es nuestro, tanto como lo es la coca de llanda, el tabalet, el esmorzar, el azul turquesa que Sorolla nos hizo ver o la retranca que Berlanga elevó a al categoría de filosofía vital. Pero ahora, Toni Ortifus es aún más nuestro al haber llevado a cabo lo que, en realidad, es un acto de justicia al donar gran parte de su archivo a la Generalitat Valenciana, pues nos devuelve aquello que ya nos pertenece y que nos hace ser quienes somos. Antes de seguir, debemos aclarar que Toni Ortifus (Antonio Ortiz Fuster) tiene el fuste y lo que hay que tener para haberse podido dedicar a las matemáticas y haber formulado, por ejemplo, el teorema de Ortifus o la paradoja de Ortifus; o haber sido músico y componer piezas dodecafónicas o pentatónicas “à la maniére Ortifus”; o incluso podría haber sido filósofo y postular la teoría cosmogónica de Ortifus; o crear poemas de una profundidad sin precedentes en su obra “Ortifus en el Averno”. Pero Antonio Ortiz Fuster comprendió que podía hacer todo eso (matemático, filósofo, músico, poeta) y cualquier otra cosa que le saliera de su inexistente papo: se haría cronista gráfico. Sus creaciones diarias nos abren la mente, nos disectan el cosmos, nos transportan a dimensiones insospechadas. Nos pasman sus homofonías, polisemias, equívocos que elevan sus “acudits” (no hay nada que defina mejor sus viñetas) a la categoría de filosofía vital, de poema épico, de sinfonía heroica, de teorema revolucionario, de teoría del Todo. Y nos hacen reír. Y nos hacen pensar. Aún resuenan en la memoria colectiva las viñetas icónicas que garabateaba cuando las orugas de los tanques hacían temblar la redacción del Diario de Valencia y que publicó en los días siguientes al intento de golpe, quedando para siempre como testimonio de resistencia y -finalmente- de triunfo ciudadano ¡Y solo acababa de empezar!

Sorolla nos mostró colores que veíamos todos los días sin saber que vivíamos en una alucinación cromática; Berlanga nos enseñó que tomarse la vida a la ligera es una manera profunda de vivirla; Ortifus, que el “acudit”, la ocurrencia Ortifusiana, es un diamante mental, una pastilla de identidad colectiva y de cemento social, un concentrado de sobrentendidos culturales, de contextos cruzados, de centro de gravedad infinitesimal de un inmenso espacio tiempo que es el nuestro. Y le salen así, como quien respira. Ortifus no inventó la ocurrencia, pero nos la ha ennoblecido y nos la devuelve, convirtiéndonos a todos -reflejados en esos monigotes narigudos- en filósofos del instante.

Legando su archivo a la Generalitat Valenciana, Toni no hace sino justicia donando aquello que le dimos: la materia bruta de lo que hacemos, de la que nos devuelve el reflejo diamantino de lo que somos. Coca de llanda, tabalet, esmorzar. Sorolla, Berlanga. Ortifus.

– Has visto el chiste de hoy? Qué malo, jajajaja.

– ¿Malo? Qué va, es de Ortifus

– Or-ti-fus ¡Halaaaa! ¡Qué bueno!

Es el efecto Ortifus.

 

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