Crítica Turia

(3) MADRES PARALELAS, de Pedro Almodóvar.Heridas que nunca se cierran.

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Tras el éxito de “La voz humana”, Pedro vuelve a la gran pantalla con un largometraje. “Madres paralelas” es el último proyecto de, sin duda, uno de los mejores directores de cine de la historia de este país. Pedro Almodóvar pasará a la historia, eso es indiscutible, aunque no sabemos si “Madres paralelas” entrará en esa lista de grandes obras que se recitará cuando se le nombre. Hay ciertos elementos de esta película que sí serán recordados. Probablemente, esta sea su película más directa, la más aleccionadora, y, también, una de las más arriesgadas en cuanto a estructura interna. Parece que Pedro, como cualquier director de cine que se precie, está buscando nuevas vías, otras fronteras, nuevos caminos. “Madres paralelas” cuenta, como mínimo, dos historias. Dos historias que se entrelazan y se separan como si de un baile se tratara. Y digo, “como mínimo”, porque esas dos historias acaba contando muchas otras.

El director manchego es de esos que amas u odias, de esos que, si te lo encuentras haciendo zapping, le reconoces a los pocos segundos, y “Madres paralelas” sigue este camino. Esta película no logrará que sus haters cambien de idea, pero tampoco creo que ese sea su objetivo (ni el de nadie). Cuenta la historia de Janis (Penélope Cruz), quién quiere desenterrar los restos de su bisabuelo, el cual todavía yace en una cuneta. Pedro nos habla de las heridas de la guerra, aunque en un tono, quizá, demasiado educativo, de discurso para la televisión. Penélope mira a la pantalla y habla de un drama que aún no ha terminado y que debe terminar ya; se lo cuenta a Ana (Milena Smit), aunque en realidad se lo dice al espectador, a esa nueva hornada de jóvenes, para que no se olviden de dónde venimos y hacia dónde podemos acabar yendo.

Mientras esto avanza, Janis se queda embaraza. La historia cambia, vira, como muchas veces pasa en la vida real. Los objetivos se apartan para solventar otros. Janis comparte habitación de hospital con Ana, dos madres solteras que tendrán a sus hijas en unas horas. Dos partos dolorosos y difíciles, como todos.  Dos vidas nuevas que se unen a dos vidas viejas. Dos madres que se convierten en inseparables, y que mezclan sus historias para hablar de un sentimiento irrefrenable. Pedro encara el tema de ser madre, de esa emoción que no se puede explicar, pero que él cuenta con un pulso muy interesante. Coloca a Janis en espacios muy incómodos, en premisas potentes que hacen que el personaje reaccione como tiene que reaccionar. Que sea injusta, y luego lo entienda, y tome la decisión más difícil de su vida.

La estructura interna, como decía, es poco habitual. Dos historias paralelas, como no podía ser de otra forma, que se entrelazan constantemente. Lo que parecía una película sobre la memoria histórica termina yéndose a un lado para dar paso a ser madre. Y después vuelve, aunque lo de ser madre ya no se puede quedar atrás. Pedro elige las elipsis como nexo de unión. Algo que no termina de funcionar, ya que desubica al espectador en los primeros segundos. Quizá sea la mejor herramienta para abordar dos temas tan mayúsculos, pero hay que tener en cuenta los efectos secundarios.

El dueto Penélope-Milena es fascinante. Milena consigue cosas increíbles, aporta latigazos de inmadurez y celos mezclados con soledad, con una fuerza sacada de la rabia, que se junta a la debilidad de ser madre demasiado joven. Un oxímoron que se convierte en un cocktail interpretativo maravilloso. Lo de Penélope Cruz es otra cosa. Está a otro nivel. A nadie sorprende ya. Penélope desparece y da vida a Janis. Consigue que Janis exista, literalmente. Nadie ve a la actriz. Janis, además, está ahogada por una premisa que dejaría a cualquiera sin aire. Pero lo solventa. Lo solventa con la naturalidad con la que muchas lo harían. Otras quizá no. Ahí está el jugo. Janis es natural, tiene sus miedos y su espalda cargada de heridas. Y viaja con miedo a quedarse sola, como siempre lo ha estado.

Una historia sobre mujeres fuertes. Sobre vidas nuevas que vienen para acompañar y restaurar heridas del pasado. Sobre cómo los viejos tiempos afectan a los nuevos. Sobre mirar hacia delante sin olvidarse de qué tenemos detrás. Pedro lo vuelve a conseguir. Vuelve a hacer una obra que habla, con una voz muy reconocible, sobre la vida. Una película que, con los años, se irá blindando y terminará en el sitio que le corresponde. Igual que durante esta misma crítica. Al principio no tenía claro si estará en esa lista de mejores películas, del mismo modo que el espectador, que puede salir de la sala con dudas, pero, con forme el tiempo avance, nos iremos dando cuenta de la fuerza de esta película.

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