La Turia dice que...

A PROPÓSITO DE LA SERIE “HOLLYWOOD”

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WILL SAEZ: A pesar de los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir, Netflix nunca descansa, y sigue estrenando nuevas producciones semana tras semana. Muchas de ellas son series y películas de la casa, que llegan para alegrarnos unos días de cuarentena que, si todo sigue bien, irán pronto llegando a su fin. Pero, salvo contadas excepciones, la plataforma de streaming de la que hablamos siempre ha tenido graves problemas a la hora de sostener la calidad media de sus productos, y las series son una de las grandes afectadas por esa irregularidad suya tan característica.Cuando Netflix se alía con creadores conocidos, podemos obtener colaboraciones fructíferas, como la que comentamos recientemente con Ricky Gervais; pero si la alianza es con un realizador tan irregular y cargante como Ryan Murphy el resultado será una serie tan desaprovechada y estúpida como Hollywood. Lo cual es una auténtica pena, porque se trata de una producción que los cinéfilos podríamos haber disfrutado dada su temática, pero se equivoca de enfoque y se deja llevar por sus reivindicaciones panfletarias, dejando de lado la calidad de la historia.

La obra nos sitúa en la meca del cine en los años 40, donde llega un grupo de aspirantes a estrella, guionistas y cineastas dispuestos a absolutamente cualquier cosa por conseguir su sueño. Personajes de toda índole se dan lugar en la ciudad y, aunque muchos no se aguanten, deberán colaborar si quieren llegar a lo más alto. Uno de los proyectos más ambiciosos de Ace Studios es “Peg”: un film sobre la actriz británica que se suicidó lanzándose desde lo alto del cartel de Hollywood. Los intérpretes lucharán con uñas y dientes para aparecer en ella, mientras que el guionista y el director harán todo lo posible para que su obra quede intacta y se pueda llevar a cabo exactamente como ellos quieren.Si bien a priori la trama podría resultar atrayente, Ryan Murphy ha querido reimaginar la historia, con un Hollywood de hace ochenta años de una realidad muy distinta a esta, que va acogiendo e integrando todas las razas en su injusto y caprichoso sistema, mientras que no ve con tan malos ojos que dos personas del mismo sexo puedan estar juntas. El creador de Glee se ofusca demasiado en su mensaje, sin tomar riesgo alguno, y nos presenta unos

personajes planos con una evolución nula.La serie toma por bandera la corrección política imperante hoy en día, con una finalidad demasiado obvia y un mensaje feel-good tan facilón que casi convierte en caricatura a aquellas personas de diversas razas, sexo u orientación sexual que sí lucharon hasta la extenuación por sus derechos. A pesar de esa “realidad alternativa”, lo cierto es que Hollywood sí que presenta, en un principio, a una sociedad machista en la que el poder recae en el hombre blanco, y es por ello que la tolerancia de la que hacen gala la inmensa mayoría de sus personajes resulta tan poco creíble y forzada que la serie pierde toda la naturalidad de la que pudiera haber dispuesto. Mientras que el reparto de veteranos aprueba con nota, las interpretaciones del plantel de jóvenes actores son dolorosas de ver; exceptuando a una siempre eficiente Samara Weaving, que parece ser la única que le tiene tomada la medida a un personaje y una época.Son solo siete capítulos de entre unos cuarenta y cincuenta minutos de duración, pero incluso la miniserie más breve se nos puede hacer larga, y Hollywood es buena prueba de ello. A evitar, a no ser que padezcamos de un caso de severo aburrimiento audiovisual, tras habernos fulminado la mayor parte del catálogo de Netflix.

 

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