Músicaportada

A qué suena València en la recta final de 2020

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Post punk, power pop, canción de autor y mestizaje pueblan lo mejor de la producción local de este otoño

No incidiremos en algo que ya hemos apuntado muchas veces. Que València – o la Comunitat o País, en su conjunto – ha carecido muchas veces de un sonido pop (o rock) plenamente reconocible. No siempre ha sido así, y tampoco lo es exactamente ahora. Pero han faltado buques insignia. Hay diversidad, y también calidad. Eso ni se duda. Y conviene también hablar, para empezar, de uno de los sonidos que más han reverdecido por aquí en la última década, y que en realidad tiene mucho que ver con lo que se vivió durante los años ochenta: el post punk oscuro. Canciones veloces, guitarras angulosas, sintetizadores amenazantes y letras inquietantes, ominosas. El underground local ha sido un fértil semillero últimamente para el cultivo de ese estilo (baste recordar a Antiguo Régimen, La Plata o Tercer Sol), y los últimos en sumarse a ese carro, con personalidad y buenas canciones, son Mausoleo y Margarita Quebrada, ambos con elepés de debut bajo el brazo. Ojalá los puedan estrenar en breve sobre los escenarios.

También el pop luminoso, o lo que en los últimos treinta años se entiende por power pop, lleva tiempo teniendo en València una de sus plazas fuertes. Ha sido así con Star Trip, El Inquieto Roque o Hank Idory, y lo es ahora en su vertiente más rotunda, la que se acerca más al nervio de regeneración new wave que proponían los norteamericanos Fountains of Wayne o Weezer en los 90, la que hacía rugir sus guitarras con fuerza, una estirpe de la que los valencianos Atlàntic pueden considerarse solventes legatarios. ¿La prueba? Su extraordinario segundo álbum, repleto de canciones como soles (“Antoni Suchard” a la cabeza) y de textos con lectura sociopolítica (por algo Josep Bartual, su vocalista y compositor principal, es periodista). Palpable progresión la suya.

En cualquier caso, si hablamos de compositores de trazo intransferible, cantautores con un sello más que reconocible que apenas necesitan una guitarra y un par de arreglos, hay que fijarse (de nuevo) en Alberto Montero y en Nacho Casado. El primero, desde Port de Sagunt, ha vuelto a su faceta más pop con una colección de canciones tan elegantes, estilizadas y sutilmente sofisticadas como de costumbre, y el segundo, desde Elche, con otro tratado de folk soleado, con apuntes de bossa nova, que suena como si el Palmeral de su ciudad hubiera sido directamente trasplantado a las playas de California. Dos nuevas delicias.

Y si las etiquetas que aquí les proponemos, como si fuéramos vendedores de alfombras, acaban por volverse inútiles, y lo que buscan es algo aún más imprevisible, músicas que les generen ese bendito descoloque de no saber muy bien a qué se están enfrentando pero a la vez no querer pulsar la tecla de stop, tienen a su alcance la fórmula bastarda de los también ilicitanos Los Manises, con su torrencial amalgama de ritmos tropicales, polirritmia africanista y psicodelia alucinada (y alucinante) marcándose el mejor debut valenciano del año. O el mestizaje de los valencianos Cándida, quienes en su tercer disco siguen fundiendo latin jazz, sonidos fronterizos, funk y rock con la misma destreza de siempre.Hay muchos mundos ahí fuera, sin duda. Pero algunos los tenemos muy cerca, más de lo que pensamos. Y valen mucho la pena.

Atlàntic Volem els ponts (Hidden Track)

Alberto MonteroEl desencanto (BCore Disc)

Cándida – Ciclogénesis explosiva (Malatesta)

Los Manises – Aristocracia y Underground (Montgrí/Popstock!)

Margarita QuebradaLuces (Jabalina)

MausoleoAbsolución (Desorden Sonoro/Flexidiscos)

Nacho CasadoAmor, música y lágrimas (Hidden Track)

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