ALEJANDRA SOLER, LUCHADORA Y VITALISTA

MILA BELINCHÓN: En la madrugada del 28 de febrero fallecía Alejandra Soler a los 103 años. En algunas ocasiones, la cronología no es un índice que dé cuenta cabal de las personas. Unos días antes de que nos dejara, Alejandra había acudido a un acto celebrado en la Nau sobre la Universidad Popular. Además de su presencia, pudimos escuchar el testimonio sobre su propia experiencia docente en aquella institución durante la II República en un documental dirigido por Anna Gimeno. La grabación se había realizado recientemente y allí

encontramos a Alejandra con la clarividencia de siempre, buscando las palabras más apropiadas para dar coherencia al relato, sin que nada sobrara o dejara vislumbrar vacíos debidos a la edad. Al acercarnos a saludarla y a celebrar lo bien que la encontrábamos, sólo se quejaba de que su voz no la acompañaba, que ya no era la de antes. Y es que Alejandra siempre fue una luchadora y una mujer vitalista, que desde sus años de juventud defendió unos valores basados en el compromiso y la solidaridad y supo mantenerlos hasta el final de su vida. La biografía de Alejandra no es sólo amplia, también es intensa. Sus decisiones vitales son un ejemplo para entender el agitado y conflictivo siglo XX dentro y fuera de nuestro país. Siempre se situó del lado de lo nuevo, de todo aquello que formaba parte de la modernidad de su tiempo, de la modernidad como mujer y de la lucha contra los desfavorecidos. Por eso fue una de las primeras universitarias de Valencia, cuando no estaba bien visto socialmente que las mujeres estudiaran una carrera superior. Y desde muy pronto formó parte de la FUE, una asociación estudiantil, desde donde compartió y proyectó las ideas y valores progresistas que definieron aquella época. Una mujer moderna y adelantada a su tiempo, sin duda, que se inició pronto, también, en el mundo del teatro y en la práctica del deporte, del atletismo en concreto. Todo un mundo por descubrir en una joven que había nacido en una familia liberal y había sido educada en los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Desde muy joven adquiere un fuerte compromiso con la política que compartió con el que sería su marido, Arnaldo Azzati, y se afilia al Partido Comunista, adscripción que no abandonaría nunca, como ella misma afirmó en el título de sus memorias:” Al final, de todo…sigo siendo comunista”. Quienes tuvimos la suerte de conocerla, después de muchos años de regresar de su largo exilio, encontramos a una mujer inteligente, reflexiva y, sobre todo, sin dogmatismos, ni resentimientos, pero sin olvidar lo que para ella había sido importante. Tampoco complaciente con los métodos que observó mientras vivió en la URSS. Alejandra, siempre elegante y comedida en sus opiniones, nunca renunció como militante a su capacidad crítica con cualquier acontecimiento social o político, fueran éstas compartidas o no con los dirigentes de su partido. Que Alejandra fue una mujer moderna, no es una afirmación para acciones pasadas en su biografía. El transcurso del tiempo le restó movilidad pero no la agachó en sus determinaciones vitales. La ausencia de su marido, su gran amor, y otros golpes de la vida no la condujeron al aislamiento que conlleva la vejez en la mayoría de las personas. Incluso después de haber tenido algún problema de salud, mantuvo firme su decisión de vivir sola en su casa que, según nos contaba, habían comprado a la vuelta del exilio. Pero junto a esta necesidad de independencia, fue tejiendo lazos de amistad, de valores para crear vínculos de una “nueva familia” con personas de edades muy alejadas de la suya como Encarna Signes, Pilar Sanz, Doria Roso, Rosa Torres, Marianti Marín, Pilar Bonet, Patricia o Graci, entre otras, que la han acompañado hasta el último momento, con su afecto y con su presencia, y la han mantenido conectada a la realidad cotidiana, al pulso de los acontecimientos del presente. Al final de sus días Alejandra ha tenido el reconocimiento institucional que se merecía. En 2016 la Generalitat le otorgó su Alta Distinción y fue nombrada hija predilecta de la ciudad en 2015. Anteriormente, sólo la Universidad de Valencia la había homenajeado y publicado sus memorias: “La vida es un río caudaloso con peligrosos rápidos. Al final de todo…sigo siendo comunista”. Te recordaremos, Alejandra. Descansa en paz.

FOTO: GARCÍA POVEDA

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