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AUTODEFENSA, LA SERIE QUE TE DARÁ MUCHA RABIA

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ANNA ENGUIX: A pesar de sus recientes dos nominaciones a los próximos Premios Feroz, la serie Autodefensa no ha sido aclamada por toda la crítica. De hecho, Boyero publicaba lo siguiente en su columna del País: “Autodefensa, es lo más imbécil, inútilmente arrogante, sonrojantemente feminista que he sufrido en mucho tiempo”. Por el contrario, Pablo Iglesias se refería a esta serie como “una puta maravilla”. ¿Qué pasa con Autodefensa? Si algo podemos afirmar es que hacía mucho tiempo que una serie española no dividía a su público de una manera tan sumamente radical, aspecto que personalmente considero más que positivo.

Compuesta por diez capítulos, las creadoras y actrices Berta Prieto y Belén Barenys junto a Miguel Ángel Blanca han creado para Filmin una obra cruda, salvaje y sin tapujos. Sin embargo, ¿por qué molesta tanto esta serie? Bien, tal y como ya relató Phoebe Waller-Bridge con su serie “Fleabag” o Lena Dunham con “Girls”, aquellas historias protagonizadas por mujeres que pasan de víctimas a verdugos, hay productos que suelen generar cierto malestar. Esto ocurre principalmente por dos motivos; en primer lugar, la violencia ejercida por una mujer, sobre todo de cara al género opuesto que ha estado -casi siempre- justificada de alguna manera; por otra parte, la locura, la maldad, o la venganza aleatoria que se han relacionado históricamente con la psicopatía o algún tipo de trastorno mental. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando dos veinteañeras de clase media no parecen redimirse ante semejantes actos?

Tal y como relataban las dos actrices protagonistas y creadoras en ocasiones la retórica feminista ha abogado por reivindicar ese sentimiento de culpabilidad con el que las mujeres llevamos cargando durante siglos, y de alguna manera, catapultar el famoso “empoderamiento” a partir de este. No obstante, quizás la clave está en no sentirse culpable por absolutamente nada y por empezar a señalar a la mujer como un ser tremendamente egoísta -así lo son las dos protagonistas en la serie- que resulta que puede ser igual de feminista. Lo mismo ocurre con la mistificación, ¿en qué momento hemos empezado a asociar los pelos en los sobacos, o los relatos empoderantes con la bondad? ¿Existe algún modelo de mujer feminista? ¿Debe ser esta culta y leída, repudiar la cosificación de esta y abrazar esa acuñada cómo “perfecta imperfección” que tanto adora el corporativismo? Bien, la respuesta a estas preguntas nos la otorgan las creadoras de esta serie, y es que no.

Empezando por el consumo de drogas, si algo ha suscitado especial revuelo en redes sociales como Twitter es la naturalidad de las protagonistas a la hora de referirse al speed, la keta, las pastis y la cocaína. Los comentarios entorno a este aspecto entendieron el consumo de drogas como otro de los muchos elementos “empoderantes” de la serie; no obstante, entender esta serie como una “reivindicación feminista” (en general) es un tremendo error. Al igual que ya han dictaminado otras directoras de cine, la instrumentalización de la mujer directora, como el hecho de ponerla en el foco  mediático por el mero hecho de ser mujer y de estar hablando sobre temas “controvertidos”, es uno de los grandes errores de nuestra década. Es por esto, que considero que el desviarse de estas narrativas tan sumamente hegemónicas -porque siendo sinceros, no existe una única realidad con la que todas las mujeres nos identifiquemos- es uno de los grandes favores que nos hacen estas dos protagonistas. Además, resulta curioso que esta crítica al consumo de drogas venga en parte por su consumo recreativo sin la guionización de sus consecuentes daños colaterales. Suponiendo que este es el aspecto que pueda resultar más chocante, recordemos que nadie habría criticado las cantidades ingentes de cocaína que el personaje interpretado por Leonardo di Caprio consume en “El lobo de Wall Street”. En la historia del cine, mientras que el prototipo alpacciniesco aparece en primer plano esnifando encima de su escritorio de madera -si es que no lo hace en algún otro paraje de cualquier mujer curvilínea-, la mujer pfeifferiana seguirá los pasos de su amado, o bien por falta de personalidad o bien por su sufrimiento constante. Por esto, estemos de acuerdo o no con el consumo de drogas, no podemos negar que la inclusión de estas en la serie se hace de una manera más que inteligente.

Sin ninguna historia, ni ninguna trama (como la vida misma), tal y como relata la canción de Pantocrator “No te puto pilles”: “Podemos follar, pero no te puto pilles”. Porque si podemos sacar alguna conclusión de esta serie es que no es lo mismo que estas palabras salgan de la boca de una mujer que de un hombre. En definitiva, con una brillante habilidad para generar discomfort y para generar toda una serie de debates que al boomer promedio ni se le habrían ocurrido, “Autofensa” se ha convertido en la vanguardia de un formato enormemente innovador, y que además nos deja toda una serie de momentos muy punks como cuando una de sus protagonistas acaba masturbando a su ligue de la noche anterior todavía con lágrimas de culpa patética recorriéndole el rostro, por no saber -o no querer recordar saber- si cayó en algún comportamiento digno de ser censurado en Twitter, a lo que ella simplemente responderá con un: “¿Qué crees que es más importante ahora mismo, el feminismo o el ecologismo?”.

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