CRÍTICA: STAR WARS.ROGUE ONE

PAU VERGARA: Hace un siglo, en una Galaxia muy lejana, una nave rebelde era asaltada por soldados imperiales. Un oscuro personaje llamado Darth Vader, irrumpía a sangre y fuego, tratando de buscar los planos de la Estrella de la muerte. Para aquí si no quieres leer un spoiler. Si te apetece, sigue adelante. Es el final y el inicio de la saga de Star Wars, una precuela de la primera película que completa el puzzle hasta llegar al clásico de 1977. Estamos ante la segunda película desde que J.J Abrams recibió el encargo de revitalizar la saga y llevarla hacia una nueva generación. Esta vez le ha tocado al joven director, Gareth Edwards, un genio de los VFX y director de la interesante Monstruos y Godzilla. Como escribí: “el principal valor de Star Wars: El despertar de la fuerza ha sido trazar un puente generacional entre La Guerra de las Galaxias, El Imperio Contraataca y El retorno del Jedi con el público de 2015. Abrams ha cerrado tramas y ha presentado las bases para el futuro con la presentación de nuevos personajes como Rey (Daisy Ridley) o Finn (John Boyega). Ha imprimido un nuevo estilo más serio, sin estridencias, ni concesiones a la infantilización de personajes como sucedía en los Episodio, I, II y III. Abrams ha apostado por los escenarios naturales, los efectos físicos y las maquetas huyendo de la sobredosis de efectos digitales”. Buena parte de este comentario es válido para Rogue One. Sin embargo, este episodio es mucho más impersonal y neutro que El despertar de la Fuerza, donde se nota que J.J Abrams imprimía su sello personal y es cierto que se gastaba un dineral devolviendo a la gran pantalla a Marc Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher. Esa admiración por el clásico desaparece en Rogue One, una película fría, mecánica y un tanto atropellada por la cantidad de planetas y escenarios donde transcurre la acción. Pero hay algo que echo en falta en esta nueva etapa y mucho más en Rogue One, que es el espíritu de aventura espacial (space opera, en su definición inglesa) que sí que estaba presentes en anteriores sagas. Esto hace que se pierda el sentido del humor y un cierto espíritu naif que siempre fue marca de la casa, en ocasiones demasiado infantilizada como en el Episodio I, pero que relativizaban la seriedad y trascendencia del relato. Me voy a quedar con varios detalles, como la reproducción digital de ese excelente actor que fue Peter Cushing encarnado en el comandante, Wilhuff Tarkin, de la Estrella de la Muerte. Fantástico volver a verlo recreado. La presencia de otro actor destacado como Mads Mikkelsen, que cuando sale le da cuerpo a la película, y el mexicano Diego Luna que cumple con su papel, un tanto plano, como personaje. Me esperaba más de esta segunda parte, pero como esto va a continuar, esperaremos a tiempos mejores.

Escrito por
More from Redacción

CRÍTICA INCIERTA GLORIA, DE AGUSTÍ VILLARONGA: DETRÁS DE LA TRINCHERA

(3) PAU VERGARA: Dice uno de los personajes de Incierta Gloria (Incerta...
Leer Más

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *