Crítica Turia

DE GAULLE, de Gabriel Le Bomin: La grandeur

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Las películas sobre conocidas figuras de la historia, más o menos reciente, acostumbran a presentar serias limitaciones por su visión mítica del personaje en cuestión y por la reducción de importantes movimientos de la historia a las circunstancias de su personalidad. Hay algunas excepciones —incluso grandes excepciones como Salvatore Giuliano de Francesco Rosi, en la que el bandido siciliano solo aparecía, y muerto, en la escena inicial y en la que se analizaban las condiciones sociales y políticas asociadas a su figura—, pero esta película no es una de ellas. Todo lo contrario, se aplica concienzudamente a chapotear en ambas limitaciones y las convierte en el norte del relato.

La película sitúa su acción en ese breve lapso de tiempo durante la Segunda Guerra Mundial, mayo / junio de 1940, en el que se produjo la capitulación francesa y la aparición del régimen de Vichy de la mano del mariscal Petain, y la posterior creación de un gobierno en el exilio londinense por el propio De Gaulle, con sus famosas emisiones para la Francia libre desde la capital británica. La narración sigue esas dos líneas a las que hemos aludido antes, la pública y la privada. La primera con los «grandes momentos» de la vida del personaje, con los cara a cara con el premier británico Winston Churchill como escenas cumbre. La segunda, contada en paralelo y con carácter secundario, está protagonizada por su familia, que trata de escapar de la Francia ocupada por el ejército alemán, con especial atención a su esposa y a su hija menor que tiene un síndrome de Down.

Ninguna de las dos líneas añade nada a lo que se podría consultar en una enciclopedia convencional, ya sea en papel o en la nube, y aunque la película cuenta con un buen diseño de producción y una aplicada puesta en escena de Gabriel le Bomin, un cineasta con experiencia televisiva, fundamentalmente de carácter documental, los resultados son muy pobres. Cuatro generalidades acerca del personaje y el momento histórico y algunos brochazos de melodrama familiar que no nos interesan lo más mínimo.

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