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DIEZ PERSONAJES O MÁS QUE CONMOVIERON AL MUNDO: Los héroes de Wembley

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Live Aid, 13 de julio de 1985. Estadio de Wembley. La muchedumbre que allí se congrega, unas setenta mil personas, lleva horas de placer y comunión. Se rozan, se frotan los cuerpos que transpiran. Diez horas será la duración completa del festival.

Cae la tarde. Estamos en un concierto benéfico. Las estrellas del rock que manifiestan su compromiso han sido convocadas por Bob Geldof. Se trata de ayudar a los damnificados de África. Se trata de luchar contra el hambre en Somalia y Etiopía. El concierto se desarrolla en Londres, pero hay otro equivalente y simultáneo en Estados Unidos.

Para cuando David Bowie sale a escena, el Estadio de Wembley ya ha temblado de emoción entre otros con U2 y, sobre todo, con Queen. Bono ha desafiado las barreras de seguridad y ha bailado improvisadamente con una partenaire. Por su parte, la intervención de Freddie Mercury ha sido memorable: ha sabido espolear al público, invocar a su audiencia. Todos corean. La de Mercury será recordada como una de las actuaciones más importantes, quizá la más emocionante o la mejor de la historia del rock.

Cae la tarde… David Bowie sale a escena tras Queen. No lo tiene nada fácil. Según admitirá Andy Green, de la revista Rolling Stone, Bowie had the unenviable task of following Queen, but when he burst onto the stage at Wembley in his Young Americans suit, it was clear he was more than ready for the challenge“.

Bowie remonta y supera ese desafío. El compositor inglés canta algunos de sus éxitos por entonces más deslumbrantes y comerciales: TVC15, Rebel, Rebel, Modern Love y, sobre todo, Heroes.

Bowie es ya un tipo mayor. Cuenta treinta y ocho años: a pesar de los excesos de la década anterior, Bowie luce en 1985 un tipo envidiable. Contrariamente al desaliño de los rockeros o a la indumentaria casual de Freddie Mercury (pantalón blanco y camiseta interior blanca y de tirantes), Bowie viste exactamente como un crooner. Luce, además, un tupé considerable. Va enfundado en un traje azul claro, cruzado, de hechura bien estrecha, de ajustado talle, abotonado y con hombreras, las hombreras propias de aquella década, que hacen aún más delgada o escueta su figura. Hay poca chicha, apenas unas carnes prietas, pero quien actúa es una rock star.

Ha tenido un pasado de enorme creatividad, de excitación. Ahora, Bowie es una figura asentada, madura, con giras multitudinarias y con hits clamorosos. También con fracasos. Algunos de sus últimos éxitos o el tour inmediatamente anterior han sido severamente criticados.

En Wembley, Bowie interpreta un pequeño repertorio con energía quizá acelerada: sube y baja los distintos niveles del escenario, se desplaza de un lado a otro, alienta a su público, que se lo ha ganado y que ya corea sus letras.  Marcha y canta a un ritmo vertiginoso hasta que, hacia el final, recupera para la ocasión Heroes(1977). Será la obra de cierre. Para algunos, es su gran performance, la mejor interpretación de dicha pieza, compuesta por Bowie y Brian Eno.

La desarrolla con una cadencia elegante. Sabe moverse. Tiene un pasado de Music Hall y mimo. Se expresa y se contiene, en efecto. Suda, suda copiosamente y las cámaras registran su rostro perlado, esa transpiración sensual.

Para Andy Greene, es con toda probabilidad el momento estelar, tal vez el último momento, de Bowie en la década de los ochenta (“The Live Aid set was arguably Bowie’s last triumph of the 1980s”).

Quizá eso sea una hipérbole del periodista pero, según los cálculos menos exagerados,  Heroes será cantada o tarareada aquella tarde por cerca de dos billones de personas. No puedo imaginar tal número. No me cabe en la cabeza

Conforme pasa el tiempo y conforme se hace evidente y escandalosa la muerte de Bowie (que contaba sólo sesenta y nueve años al fallecer), la pieza cobra mayor relevancia. Es verdad que sus continuas emisiones la han convertido en un clásico y en una reiteración. Está aureolada por un halo de rabia y candor. Su letra transmite un mensaje romántico e individualista. ¿Qué nos dice David Bowie? Dos jóvenes junto al Muro de Berlín se besan desafiando las balas. Se profesan un amor urgente e incondicional en el peor entorno que podamos imaginar. Es, sí, una gesta. Son héroes pero no lo saben.

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