EDITORIAL: EL FIN DE UNA ABERRACIÓN

TURIA: La decisión del Tribunal Supremo de dar el visto el bueno a la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco y trasladarlo al cementerio de Mingorubio supone el fin de una larga anomalía histórica: España es el único país europeo que mantiene a un dictador en un monumento construido para enaltecer su figura. Han tenido que transcurrir 42 años, desde que España tiene un sistema democrático, para poder enterrar al dictador en una cripta familiar. El asunto de la exhumación deja varias reflexiones. La primera es que la transición dio paso a la democracia, pero quedaron no pocos flecos del régimen anterior. Franco murió en la cama llenando la plaza de Oriente, al tiempo que se intentaba asegurar la continuidad de los aparatos del estado, del poder económico y de la iglesia como influyentes garantes de posiciones ultraconservadoras y de defensa del relato franquista. Que durante este período los elementos golpistas ejercieron una enorme presión, dentro y fuera del ejército, es algo que no se puede minusvalorar. Sin embargo, nadie de izquierdas puede entender que no se hiciera más, especialmente en los gobiernos de Felipe González, en cuestión de memoria, recuerdo y resarcimiento de los miles de represaliados que todavía no tienen una sepultura digna.
La derecha española ha sido y continúa siendo incapaz de distanciarse y condenar la dictadura de Franco, desde Manuel Fraga, que fue ministro de Franco, seguido por Aznar que ayudó con jugosas subvenciones a la Fundación Franco, por no hablar de los jóvenes como Pablo Casado que se estrenó públicamente diciendo aquello de “están siempre con la guerra del abuelo”. Pero los verdaderos héroes de esta historia, son los familiares de represaliados, las asociaciones de la memoria histórica, las asociaciones antifranquistas y todos aquellos que no olvidaron a las víctimas de la dictadura en todo este tiempo, incluidas algunas instituciones, como ayuntamientos y diputaciones, que han sabido canalizar las reivindicaciones de muchas personas.
Con esta sentencia del Tribunal Supremo, nos situamos en el principio y no en el final de una historia de la ignominia. Ahora hay que terminar de recuperar los más de 33.000 cuerpos que siguen el Valle de los Caídos y dar un entierro digno a las decenas de miles de represaliados que siguen en fosas comunes como la de Paterna. Averiguar el origen de la inmensa fortuna y propiedades de la familia Franco no es algo que haya que dejar pasar. Dicho todo lo anterior, estamos ante una decisión histórica que hay que celebrar. 

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