EDITORIAL: VERGONZOSA INFRAFINANCIACIÓN

TURIA: El Plan Económico y Financiero elaborado por la Generalitat ha puesto de manifiesto una vez más el grave problema de endeudamiento que viene arrastrando la Comunitat Valenciana. Según las previsiones de los técnicos de la Conselleria de Hacienda, el Consell podría cerrar el ejercicio de 2018 con una deuda acumulada cercana a los 46.000 millones de euros. El diagnóstico, con estos datos encima de la mesa, no puede ser más desalentador: de mantenerse por más tiempo esta situación resultará inviable el sostenimiento del autogobierno valenciano. El problema es especialmente sangrante porque si se analiza su naturaleza se puede comprobar cómo el 82% de esa deuda procede de los Fondos de Financiación de las Comunidades Autónomas, o lo que es lo mismo, se trata de préstamos contraídos con el propio estado central. Hasta finales del pasado año, esa deuda con el estado acumulaba unos 34.000 millones de euros. Estos datos ponen de relieve un segundo problema que resulta clave en este asunto. El endeudamiento con el estado central demuestra que sus actuales niveles están estrechamente ligados al gravísimo déficit de financiación que viene padeciendo la Comunitat Valenciana de las arcas del Ministerio de Hacienda y que de no afrontarse de una vez por todas obliga a nuestra autonomía a tener que seguir contrayendo préstamos con el estado hasta el colapso económico definitivo. El origen de este déficit está relacionado con el actual modelo de financiación autonómica que desde 2009 tiene congelada la financiación por habitante. Ante la gravedad de la situación, resulta imprescindible acometer una revisión del actual modelo de financiación, una reivindicación vieja que se suma a la indignación que todos los años se desata cuando se conoce la situación de agravio comparativo que supone para los valencianos los planes de inversión diseñados por el gobierno central. Hoy no estamos hablando de políticas de despilfarro y escaparate que caracterizaban otras épocas, sino de garantizar una financiación justa que permita asegurar unos niveles de asistencia básica acordes a lo que exigen sus derechos como ciudadanos. Pero además es necesario abordar la cuestión del endeudamiento para acabar con la espada de Damocles que pesa sobre la cabeza de nuestra autonomía. En este sentido, desde el Consell consideran imprescindible negociar con el estado, nuestro principal acreedor, una quita de la deuda que permite dar oxígeno a las finanzas autonómicas. Se trata de una propuesta basada exclusivamente en la voluntad política de las partes de alcanzar un acuerdo. Hace solo unas semanas el gobierno de Mariano Rajoy acordaba, con buen criterio, acometer una condonación de los préstamos entregados a Senegal y Mauritania. Solo intereses partidistas a corto plazo podrían explicar que el gobierno central rechazara buscar fórmulas que permitieran ejecutar una quita en la deuda de la Comunitat Valenciana. Pero cuando de lo que estamos hablando es de la sanidad, la educación y el bienestar de los valencianos, si esos intereses fueran los que finalmente imperaran, la cosa solo tendría un nombre: mezquindad.

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