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EL MUR: LAS LÁGRIMAS DE PEPITA

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CARLOS LÓPEZ OLANO: Pepica cuenta que el día que mataron a su padre, le prohibieron llorar. Y desde entonces repite, lo dice incansablemente a cualquiera que desee oírla, que ya ni lloró ni rio a gusto, que ya nada en su vida fue normal. El crimen fue hace 80 años pero Pepica, fuerte y frágil a la vez, sigue guardando como una reliquia la carta que el condenado a muerte José Celda, fusilado en el Paredón de Paterna, escribió a su familia. Con un mandato: no me olvidéis. Que todos sepan que me matan siendo inocente. A Pepica la entrevisté hace unos meses, gracias a la mediación de su sobrino, el periodista y amigo Vicent G. Devís. Pero no olvido su determinación, su eterno compromiso vital con la memoria de su padre,  y  el sentimiento de que tenemos una deuda con ella, y los que han padecido tanto como ella.

Empiezo hoy aquí una colaboración con la Cartelera Turia que estoy seguro de que será fecunda. Hablaré de  memoria democrática, recuperando esas historias que durante tanto tiempo solo se contaron en la intimidad de los hogares, en voz baja, por si los vecinos oían, y denunciaban. Y que cuando fue posible decirlas en voz alta, nos olvidamos de hacerlo. Seguro que había otras luchas, otros compromisos que en aquel momento fueron importantes. No sé. Pero aún estamos a tiempo. El título de esta nueva sección tiene que ver con el Paredón de Paterna: ése en el que mataron a más de dos mil personas en tiempos de paz, esa paz que reivindicó el dictador y que sólo fue, para muchos, la paz de los cementerios. Las fosas de Paterna, donde arqueólogos como Miguel Mezquida y Álex Calpe trabajan sin descanso para recuperar la dignidad de los sepultados sin nombre, se han convertido en un símbolo. Pero fosas comunes, prisiones donde se encerró a luchadores por la libertad, desgraciadamente hay muchas: parajes importantes en la guerra, donde pasaron cosas terribles que casi nadie recuerda, más víctimas, más héroes olvidados. Pequeñas-grandes luchas que merecen, sin duda, que alguien las cuente… Todas ellas tendrán su espacio aquí, en estas páginas. Porque la memoria es eso: recordar. Tener presente. Sin revanchismos, pero para hacer justicia, y también para que nadie pueda acusarnos de que no hicimos todo lo posible para que no vuelva a pasar.

Aunque ha pasado mucho tiempo, aunque hemos perdido 40 años desde que Franco murió en su cama, el puñado de familiares directos de las víctimas, ya muy mayores, merecen la reparación, la justicia, la paz verdadera. José Celda fue el primero de los fusilados en Paterna que pudo ser enterrado en su pueblo, bajo una lápida con su nombre, para que Pepica pudiera llorarlo. Hace tan sólo unas semanas, los arqueólogos acabaron los trabajos en la fosa 111 de Paterna, la más grande hasta el momento excavada en la Comunitat Valenciana. 150 familias esperan ahora a las pruebas de ADN para poder recuperar sus restos. Y los trabajos de exhumación han empezado hace poco en el cementerio de Castellón.

Porque las heridas cicatrizan sólo después de cerrarlas.

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