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EL TEMA DE LARA: EL BESO FRANCÉS

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En toda reunión sobre cine español que se precie, siempre hay alguien que se hace el ingenioso y asegura que todo se resolvería si copiáramos el modelo francés. Incluso citará a Berlanga, a quien se atribuye (otras veces es a otros) la frase de que la mejor Ley de Cine para España sería la que escribiera una simple traductora de la Ley francesa… Lo primero a responder es que en Francia no existe Ley de Cine como tal, sino una serie de normas fragmentarias y dispersas, nacidas muchas de ellas en plena posguerra europea, cuando el proteccionismo hacia la cultura propia parecía obligado. Y numerosas disposiciones más que surgieron enraizadas en el principio de la “Excepción Cultural”, acuñado durante la etapa presidencial de Miterrand y de Jack Lang al frente del Ministerio correspondiente.

Claro, todos estamos de acuerdo en que el llamado “beso francés” es el mejor, pero no siempre puede darse a la persona deseada ni las circunstancias lo permiten en cualquier momento. Pues algo así sucede con el cine francés comparado con el español. Ni las sociedades de las que nacen son las mismas, ni la cultura alcanza similar valoración en una y otra, siendo allí cuestión de Estado que todos respetan, ni siquiera sus industrias audiovisuales responden a esquemas parecidos. Los franceses inventaron el cine y siempre lo han cultivado como algo propio, a cuidar con delicadeza para no quedar asfixiados por la producción de Hollywood. Lo que en verdad han conseguido hasta ser la primera potencia europea en producción y la principal exportadora, como lo demuestra el que suframos un auténtico hartazgo de comedias galas en nuestras carteleras.

Era impresionante ver las imágenes del 19 de mayo en París, con largas colas de público ante las salas ¡desde las 8 de la mañana!, cuando abrieron con solo un 35% de su aforo tras siete meses de cierre total. Los reportajes hablaban de espectadores felices por ver Otra ronda, o por “descubrir” en ese primer día nada menos que La Aventura antonionesca… Mientras, en España, las cifras han ido descendiendo sin parar: se ha pasado de los 403.406 espectadores y 2.683.794 euros de taquilla en el primer fin de semana de abril, cuando la mayoría de las salas se puso en marcha, hasta menos de 200.000 espectadores y poco más de un millón de euros de recaudación en el último finde. Explicaciones “a posteriori” siempre las hay, que si celebrar el cese del estado de alarma, que si el buen tiempo que invitaba a rebosar las terrazas o los partidos de fútbol decisivos para la Liga. Lo que se quiera, pero lo cierto es que el cine en salas no es entre nosotros esa “religión” que es más allá de la frontera. Por si alguien no se había dado cuenta de que todavía no practicamos demasiado el beso francés…

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