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EN LA CIUDAD SIN LÍMITES: Mónica Oltra y Birgitte Nyborg

XIMO CÁDIZ: En su día se estableció cierta comparación entre la ficción de la serie danesa Borgen y la realidad valenciana. Dos mujeres de fuerte carácter irrumpían en el panorama institucional y llegaban al gobierno. Birgitte Nyborg consigue ser primera ministra y a Mónica Oltra le faltó poco para presidir la Generalitat. Ahora se estrena una nueva temporada de la serie que convertía la política (y los medios de comunicación) en un argumento interesante para un público alejado de las dinámicas democráticas, más allá de votar cada cuatro años. Otro tema sería analizar las causas de esa desafección. Otra vez hay paralelismos. Ambas protagonistas pasan por dificultades políticas y personales.

Conozco a Mónica desde que éramos compañeros en el Instituto Doctor Peset Aleixandre de Paterna y compartíamos militancia en la Joventut Comunista y Esquerra Unida (ambos fuimos centrifugados en las depuraciones esencialistas de Julio Anguita y seguimos caminos distintos). Sus cualidades políticas están fuera de cuestión, pero su situación, tras ser citada por el TSJCV, es muy compleja. Como amigo, pensando en la enorme presión mediática que sufre ella y su familia, le diría que la política no es lo único en la vida: la dimisión sería la solución. Mónica es muy fuerte, pero tiene límites humanos y emocionales que creo que ya se han traspasado.

Egoístamente, como persona de izquierdas, mi análisis es otro. La misma Justicia que desestimó la denuncia por falsificación contra Rocío Monasterio por ser esta «burda y perceptible» es quien ahora intuye que, en ausencia de «pruebas directas», si la versión de los 13 funcionarios interrogados exculpa a la vicepresidenta, es que se trata de una confabulación para encubrirla. Yo pensaba que la justicia trabajaba con evidencias y no sobre conjeturas, pero temo equivocarme. También me sorprende la cantidad de opinadores que ya han sentenciado. La capacidad de hacer daño de los periodistas es infinita y jamás se les exige responsabilidades (nuestro Vicente Vergara fue víctima de esto en su día).

Creo en la presunción de inocencia y que la defensa de las instituciones no se consigue sucumbiendo ante el vocerío mediático combinado con un proceso judicial casi surrealista, por no decir diabólico, en su sentido inquisitorial. Está bien reflexionar en términos políticos, pero ceder a la presión, siendo lo más fácil, también sería debilitar electoralmente la continuidad de las izquierdas en la Generalitat.

Haga lo que haga, en lo personal o en lo político, Mónica tendrá mi apoyo.

 

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