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EN LA CIUDAD SIN LÍMITES:KUROSAWA Y EL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO

XIMO CÁDIZ: Se estrenó en enero Living, dirigida por Oliver Hermanus y con guión del premio Nobel Kazuo Ishiguro. Es un cuidado y delicado (casi mimético) remake del enorme clásico Vivir (Ikiru) que filmó Akira Kurosawa en 1952. En la película destaca, especialmente, la contenida y exquisita interpretación de Bill Nighy. Pero además de la dramática historia personal de ese alto funcionario, hay otro asunto que me interesa señalar: el mal funcionamiento de la administración pública.

Pocas semanas después, el Síndic de Greuges, Angel Luna, afirmaba en su memoria anual que la administración es un “territorio hostil” para la ciudadanía y que a buena parte del funcionariado le falta empatía. No le falta razón. Pero las causas no se pueden reducir a una falta de sensibilidad de los trabajadores públicos.

La redacción de leyes de procedimiento administrativo, de régimen jurídico o de contratación se hace por juristas cuyo objetivo, a la vista del resultado, no es, precisamente, hacer la vida fácil a la ciudadanía. Es cierto que venimos de una época salpicada por demasiados casos de corrupción política y eso requería normas más exigentes… pero me temo que la gran corrupción, ahora más sofisticada, puede seguir produciéndose y, al mismo tiempo, el aumento de controles está provocando retrasos y paralización de las políticas públicas que, de facto, acaban suspendiendo derechos fundamentales.

Además de los procedimientos infernales y normativas enrevesadas, falta personal (la Comunitat Valenciana está al final de los rankings español y europeo de funcionariado por habitantes) mientras aumentan los programas, ayudas y servicios públicos. Tampoco existe una estructura flexible y ágil que permita evaluar, corregir y mejorar el trabajo de las administraciones, ni un sistema de acceso a la función pública que valore capacidades más allá de la memorización de temarios jurídicos. Lo grave es que, tras unos cuantos años de gobiernos progresistas, no se han reformado las administraciones y eso es crucial para el éxito (o el fracaso) de las iniciativas de las izquierdas. Las garantías jurídicas son necesarias, pero la política no puede estar secuestrada por la burocracia.

Parece, a menudo, que el objetivo del procedimiento administrativo es ganar el premio al mejor expediente del año en vez de resolver problemas. Es imperdonable olvidar que detrás de cada expediente hay personas que esperan soluciones. Igual que las mujeres que luchan por conseguir un parque infantil en la magnífica Living.

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