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ENTREVISTA AMB VICENT FLOR, autor de El carrer de Baix

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“Somos animales simbólicos”

ABELARDO MUÑOZ:El sociólogo Vicent Flor (Valéncia, 1971) ha dado un respiro a su extenso  trabajo ensayístico y publica una intensa y realista novela que él mismo define como de “auto ficción”. El carrer de baix (Edicions 62; 2022) se adentra en el mundo de las familias que deciden adoptar a niños en centros de acogida, tutelados y huérfanos de afecto. El mismo autor es padre de un niño adoptado. Es una historia dura y de una intensa humanidad en tiempos en que la solidaridad y la empatía pasan horas bajas en la sociedad salvaje y caótica que vivimos. Carles, principal narrador, y alter ego de Vicent, en una dialéctica entre rabia y ternura, cuenta los avatares de la adopción de Diogo un niño de ocho años salido de un centro “con un pasado roto”. La TURIA habló con el autor de su obra.

Usted ha escrito un libro muy valiente, con elementos de su  experiencia personal, que pone en evidencia las carencias y defectos del sistema de protección social que vive este País.  

Sí. Opino que los niños de los centros de acogida de la Generalitat están mal protegidos. No hay recursos. Lo que he querido demostrar es que hace falta una administración más humana; aquí no estamos en un proceso de tala de árboles por una enfermedad. Estos son seres humanos que sufren y que pueden acabar teniendo problemas mentales que acabaran generando una situación complicada para todos. En mi libro denuncio otra cosa: a estos chavales la solución que ofrecen es la penal y yo no creo que los correccionales, antes llamados reformatorios, y las prisiones, sean instituciones apropiadas para estos niños y jóvenes.

En un momento de la novela afirma que somos animales simbólicos, que vivimos en y por las metáforas y que eso no lo han entendido las ciencias sociales.

Soy sociólogo, científico social, y creo que hemos reducido un poco al ser humano, que es social, pero también simbólico; una parte importante de sus experiencias tienen que ver con los elementos que ha vivido, interiorizado.

¿Y su protagonista desarraigado, Diogo, el niño de adopción que le causa tantos problemas?

A Diogo se le ofrece un futuro de clase media, se le dice, tu estudias, sales de este camino y cambias. Carles, su padre, se encuentra con una dificultas frente a él, lo que funciona para Carles, que tiene prestigio social, es editor, no funciona para Diogo. Lo que quería demostrar es que el pensamiento ilustrado a veces peca de arrogancia; desde un despacho no puedes saber que es bueno para un niño problemático. Tenemos que planificar políticas que puedan sacar a esos niños de ahí.

Define su novela como de auto ficción y comienza con una clara alusión al amor y a la muerte como elementos indisolubles y complementarios

Si. Tiene ficción y realidad. Podría ser una novela que al contar tus problemas vives una suerte de expiación. Escribo del amor y la muerte. Son dos elementos fundamentales para entender la vida humana. La sociedad quiere rechazar la muerte. Hay un libro alemán que habla de “la soledad de los moribundos”; los apartamos, pero no sirve de nada, porque la muerte está presente siempre, hay enfermedades, hay azar. Tendemos a pensar que la vida es el amor, pero la muerte ayuda a entender y a poner en su sitio el amor. El amor siempre es temporal. Con este libro yo he intentado hacer una apelación a la vida.

En el libro se combinan dos historias, la lucha de un padre por salvar al hijo y las aspiraciones de alegría encarnadas en el Vall de la Gallinera, un pueblo ideal, lejos de la urbe, al que aspira la familia. Y aun así, todo se complica…

La historia de Diogo es tan fuerte que he tratado de combinar dos historias para dar oxígeno al lector. Pero también hay crítica al mundo rural, no todo es felicidad. En los pueblos hay soledad, alcoholismo. El mundo rural es un mundo de soledades y el urbano también. Vivimos rodeados de gente sola.

¿Y angustiada?

Reivindico la amistad intima como una manera de tejer solidaridades. Indirectamente en la novela digo: menos medicamentos y más amistad. Creo que la mejor manera de estar en el mundo es con gente que nos quiera, compartir.

Una frase lapidaria de su libro “la pobreza intoxica”.

Claro. Intoxica hasta las expectativas humanas. Todo depende del ambiente en el que nos hemos criado. El que tiene piensa que puede dominar su futuro; a un pobre le han enseñado de pequeño a  no aspirar a nada. Lo de la igualdad es una mentira. La realidad es que la pobreza intoxica el alma. Crea depresión y tristeza.

Premis Ciutat de Gandia
Vicent Flor
13.01.2022
Foto: Albert Salamé / VWFoto

¿Por qué decidió con su pareja acoger a un niño desamparado y problemático?

Yo tengo otro hijo, de 23 años, que es ingeniero y le va muy bien. Pero hay 3.000 niños acogidos en el País Valenciano por la Generalitat. Son menores de edad y la Generalitat Valenciana tiene su custodia. Son, bueno, podríamos decir, los niños de todos, y necesitan ayuda. La solidaridad es un concepto muy bonito pero mi compañera y yo pensamos que tenía que empezar por proteger gente. Cuando vimos que había niños sin hogar, dijimos, vamos a darle uno. Y ahí chocas con la realidad, por mucho que uno luche por sacar a un niño de eso, ese niño está ya intoxicado. A los ocho años ya está roto.

Abelardo Muñoz

 

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