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ENTREVISTA CON LORENA IGLESIAS, CÓMICA Y CINEASTA

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Lorena Iglesias, cómica y cineasta. Su currículum acumula todo tipo de historias. Empezó haciendo teatro, ha sufrido la precariedad laboral, ha trabajado con cineastas como Pablo Hernando, Carlos Vermut o Manuel Bartual, formó parte del colectivo “Canódromo Abandonado”, y ha creado y dirigido sus propios shows de comedia y proyectos audiovisuales. Una de sus últimas apariciones fue en “Video provisional”, el primer video del colectivo “Las inmediaciones”.

Tu carrera profesional es bastante polifacética. Eres cómica, cineasta, actriz. ¿Cómo empezó tu trayectoria? ¿Cómo fueron tus inicios? Sigo teniendo la sensación de estar en “los inicios” y en parte me gusta que sea así. El exceso de profesionalización a veces puede limitar creativamente y yo necesito tener la sensación de que lo que hago tiene siempre algo nuevo. Empecé haciendo teatro físico, danza contemporánea, estudié cine y después comencé a interesarme por la comedia, aunque esa personalidad un poco disparatada siempre ha estado ahí. Mi obsesión desde que tengo uso de razón es intentar ser original e ingeniosa a cualquier precio. Nací en una aldea pequeña en una familia con pocos recursos. Tengo la teoría de que los pobres desarrollamos más la imaginación porque tenemos que inventarnos los juguetes, pero probablemente esté intentando ser ingeniosa con esta idea.

Eres la directora, guionista y actriz de la webserie Pampini. ¿Cómo surgió este proyecto? Hace unos años estaba en un momento laboral muy duro. Solo conseguía acceder a trabajos basura. Las condiciones eran infrahumanas y no me daba ningún reparo dejarlos y buscar otros. No tenía ni tengo ningún respeto por esas estructuras empresariales. He dejado curros el primer día diciendo que me iba al baño y me han vuelto a contratar para otra campaña. Necesitaba estímulos para sucumbir a la tentación de irme a casa en cualquier momento, así que empecé a grabarme en los espacios de trabajo con fines creativos. Eso me motivaba para levantarme a las 6 de la mañana y coger el metro para ir a un polígono industrial a partirme la espalda, pasar frío, apencar de sol a sol por sueldos miserables y tratar con tipejos machistas. Pampini se convirtió en una excusa para ir a currar: explotar los medios que me proporcionaba el trabajo y transformarlos en escenas de la web serie. Por eso tiene tantos elementos esotéricos, porque necesitaba que la serie no estuviese en el mismo plano de realidad que mi vida, separar las dos cosas. De hecho, no he vuelto a verla desde que la hice. Todavía no estoy preparada para revivir eso.

Respecto a tu faceta de cómica, desde 2019 realizas tus propios shows, como el “Necroshow”, un stand up comedy. ¿Qué tipo de comedia te interesa hacer? Soy enfermizamente neófila y me desmotivo muy rápido si veo patrones repetidos, por eso nunca he hecho un show de stand up cerrado para girar por diferentes sitios; prefiero hacer shows que sean siempre distintos e integrarlos conceptualmente en algún evento ya existente. El “Necroshow” es el resultado de esa limitación mía de no poder repetir material. Es un formato abierto en el que entran todo tipo de propuestas y un lugar de encuentro con colegas. Cuando hago el “Necroshow” semanal invito a amigues a que participen. Me encanta actuar con mis colegas porque son las personas más divertidas que conozco y no tienen esos tics “cartonescos” de los cómicos profesionales.

En varias ocasiones has criticado la situación de las mujeres en la comedia, un sector muy machista. ¿Piensas que esa situación ha cambiado sustancialmente? ¿Qué posibilidades de cambio ves? Creo que la desigualdad de las mujeres en la comedia lo explican muy bien los estudios de género con los términos: “techo de cristal” (no podemos ascender laboralmente en los grandes medios) y “suelos pegajosos” (estamos pegadas los escenarios de bares y escenarios pequeños cobrando poco y sin poder acceder a un mercado laboral regulado). Pienso que hay cambios cosméticos, pero no radicales. Buscan a mujeres para cubrir la cuota, pero las decisiones importantes siguen recayendo en los hombres. Las posibilidades de cambio profundas que veo tienen más que ver con algo que creo que ya está empezando a pasar, que el público joven demanda voces femeninas también en la comedia y rechaza orgánicamente el humor frívolo y machista. No es un buen momento para la comedia masculina, aunque todavía se mantengan esas estructuras de poder. Mis cómicas favoritas actualmente son mujeres, minorías o gente no normativa: María Bamford, Tig Notaro, Aparna Nancherla, Contrapoints…

El feminismo, la desigualdad, la precariedad laboral, la insatisfacción, la edad, la política… son temas recurrentes en todos tus trabajos. Sí, el material que genero está subordinado a mis vivencias, a mi ideología… Mi humor es un reflejo de mi manera de pensar y yo soy una persona comprometida con estos temas.

Formaste parte de “Canódromo Abandonado”, junto a Julián Génisson y Aaron Rux. ¿Cómo surgió la idea de este colectivo audiovisual? Bueno, ya no existimos como colectivo audiovisual. Empezamos hace una década a hacer vídeos para Internet porque teníamos un humor y un lenguaje común que en 2012 se materializó en una película, La tumba de Bruce Lee, que nos fuimos a rodar a Spokane (Washington) con Pablo Hernando y con 6000 euros que reunimos a través de un crowdfunding. Ahora seguimos haciendo cosas por separado y a veces nos juntamos para algo concreto, pero el colectivo como tal ya no existe. Fue una etapa muy interesante a nivel creativo para todos.

Hace poco anunciasteis en redes la creación de un nuevo colectivo “Las inmediaciones” (formado por Iglesias, Génisson, Pablo Hernando y Juan Cavestany). ¿Qué puedes contarnos sobre él? En ese caso creo que fue Juan el que planteó irnos un domingo a grabar cosas con un par de ideas en la cabeza y abiertos a lo que surgiera. De ahí surgió “Video provisional”. Son este tipo de cosas que haces sin vocación comercial de ningún tipo, solo porque te apetece divertirte con tus colegas y echarte unas risas sin las complicaciones de los rodajes profesionales.

Uno de tus últimos trabajos es el guion de la serie de animación Animal Hustling. ¿Piensas que este tipo de propuestas más experimentales pueden abrir otras vías en el audiovisual? Cuando hicimos la serie teníamos como referencias Adult Swim y otra gente que hace animación para adultos. Era un momento ideal para hacer una serie de animación porque estábamos confinadas y así lo planteó también la gente de El BloqueTV, que son personas talentosas, visionarias y probablemente el colectivo más copiado de España. Marta Altieri, una de las animadoras de la serie y yo, estamos hablando de hacer una serie de animación juntas a largo plazo, porque estas cosas llevan mucho tiempo.

Como cineasta y espectadora, ¿cómo ves el panorama cinematográfico actual?, ¿qué cineastas te interesan más? Hay una cosa que me interesa especialmente de algunas cineastas actuales y es la reivindicación de algunos géneros y subgéneros típicamente femeninos que han sido denostados a lo largo de la historia del cine. Lo que ha hecho Emerald Fenell al subvertir el rape and revenge en Promising Young Woman, por poner un ejemplo reciente, me parece súper interesante.

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