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GASTRONOMÍA: SOUL FOOD TO GO

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Cada semana que pasa pienso siempre que el final de la pandemia se está aproximando y que, entre vacunas y restricciones añadidas, deberíamos encontrarnos ante la resolución del asunto, pero me doy cuenta que todavía queda un largo camino por recorrer y, que el civismo de algunos conciudadanos deja bastante que desear, lo cual me entristece aún más. Si ahora estamos con cifras récord de infectados y fallecidos es también porque muchos no hemos evitado, al menos todo lo debido, juntarnos durante las fiestas, relajándonos, infravalorando el problema y provocando esta terrible oleada de hospitalizaciones. Menos mal que la mayoría de la sociedad ha comprendido la gravedad de la situación y colabora de manera seria y responsable. En este sentido, tengo que romper una lanza a favor del sector de la hostelería que no solo (según las estadísticas publicadas en los medios de información) han sido responsables de una mínima parte de contagios, sino que se ha convertido literalmente en el chivo expiatorio, sufriendo una dura limitación en cuanto a los márgenes de trabajo (espacio y horarios), hasta llegar al cierre completo durante meses enteros. Honestamente, creo que hoy en día hay pocos sitios públicos en este país que sean tan seguros como los restaurantes. El problema está sobre todo en como actuamos nosotros los clientes, es decir el respeto de las distancias, el uso de la mascarilla mientras no se consume y todo lo demás. Nos estamos arriesgando que, al terminar todo esto, nos encontraremos con menos de la mitad de los establecimientos que había antes, mientras las ventas online y los centros comerciales, en mano de los grandes poderes económicos, habrán engordado enormemente canibalizando en cierto modo el pequeño comercio y la hostelería de gestión familiar.

Justo el otro día estaba escuchando una maravillosa canción “Soul Food to Go” (comida para el alma para llevar) del cuarteto vocal jazz Manhattan Transfer del álbum “Brazil” del 1987, y pensé en todos esos restauradores que, no pudiendo hacer nada más, se han reinventado como casas de comida para llevar. Con creatividad y, a veces, incluso con una gran dosis de solidaridad y buen humor, encontramos en la red mucha información y ofertas de lo más variado. Nuestros hosteleros de toda la vida nos cuentan estas nuevas experiencias, proponiéndonos packages divertidos y completísimos (además de deliciosos), recetas rediseñadas para poder entregar a casa sin que se perjudique el resultado final del plato, desde los bares hasta los restaurantes con estrellas, todos reorganizándose para garantizar el mejor servicio a sus clientes y mantener puestos de trabajo, lo cual tiene sin duda mucho mérito. He hablado con muchos de ellos y he podido comprobar el enorme esfuerzo que están haciendo para no tener que despedir personal, o por lo menos para que el impacto sea el mínimo posible. No solo, otros están siguiendo con su programa solidario de abastecer los comedores sociales con toda la comida sobrante. Es verdad, me gusta evidenciar el lado más positivo de este desastre, porque soy consciente de que hay y habrá abuso y malos comportamientos también en la hostelería, pero se sale ganando solo con actitud positiva y luchando. Nosotros podemos ayudarles haciendo pedidos que nos traerán directamente a casa desde sus cocinas o que podemos recoger nosotros mismos. Un pedido hoy tiene mucho más valor que nunca, es nuestro granito de arena, el chaleco salvavidas que sirve para mantener vivo un sector que de otra forma estaría ya definitivamente hundido. Hay que premiar sin duda esta resistencia a cal y canto con nuestro apoyo. Si vemos restaurantes y bares con sus persianas bajadas, no os engañéis, es muy posible que dentro el dueño con su familia o sus trabajadores estén confeccionando los platos que pueden salir de allí para llegar a nuestras mesas. Mi mensaje es muy claro: apoyemos el sector pidiendo comida para llevar cuando podamos y actuando de manera responsable hasta cuando se pueda regresar a las terrazas y las salas. El tiempo no nos está ayudando y cada hora que se alarga más la pandemia es un restaurante que tira la toalla y familias que se quedan sin trabajo. Soul Food to Go a lo mejor no es la solución (a ver si llegan finalmente las ayudas económicas prometidas…) pero es una demonstración de solidaridad hacía un sector que nos necesita como nunca en su historia. ¿A quién vamos a llamar hoy?

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