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KABUL, dirección de Rosángeles Valls y textos de Rodolf Sirera. Biblioteca San Miguel dels Reis.

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PAU VERGARA: Lo vemos todos los días, tras la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán. Un país al que “fuimos” a democratizar con un régimen títere y corrupto que se disolvió como un azucarillo cuando salieron por piernas los americanos. Y ellas, las mujeres, se quedaron allí desamparadas y solas. Las que pudieron salir lo hicieron con sus hijos y familias, pero la mayoría se quedaron al amparo de un régimen cruel y feudal. Y cuando tuvieron el control del gobierno les prohibieron volver a las escuelas y a las universidades. Lo último ha sido obligarles a taparse el rostro para dar las noticias en el telediario. Con todas esas ideas, Rosángeles Valls en la dirección y Rodolf Sirera en los textos han decidido convertir una coreografía en un grito a favor de la mujer y en contra del sometimiento talibán.Y lo hacen de una forma brillante, sacándole el máximo partido al patio gótico del Monasterio de San Miguel de los Reyes.

La acción transcurre en cuatro escenarios; la mujer que nace y sale desnuda de la arena, las mujeres que viven con el burka, la vida privada con los hijos e hijas que se visten de chico para no ser discriminadas (hay una maravillosa película llamada Osama, de Siddiq Barmak que cuenta esa historia) y la toma de conciencia y rebelión de esas mujeres. Todo ello en una sincronización multiescenario que el espectador observa en la distancia desde la parte superior del claustro. La historia avanza con la lectura de textos de la actriz Rebeca Valls y el cello de Marina Cuesta. Las ocho bailarinas, el actor y las niñas del elenco consiguen trasladar el sufrimiento, la humillación, pero también la esperanza significada en la danza final con el contorneo de una paloma blanca que renuncia a cubrirse el rostro. Sencilla y efectiva iluminación de escena y un gran ambiente con ese polvo que todo lo cubre, como nuestras conciencias occidentales que, una vez más, han decidido mirar hacia otro lado. Un espectáculo justo y necesario que esperemos volver a ver en otros escenarios.

 

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