LA REVANCHA DE MR.SANDLER: A PROPÓSITO DE DIAMANTES EN BRUTO

WILL SÁEZ: Desde que comenzó a hacer comedias de cuarta fila, decir que eras fan de Adam Sandler siendo cinéfilo era como confesar que te ponías ciego de Don Simón en el banco del parque trabajando de sumiller. Una vergüenza que daba paso a una mofa y escarnio por la que nadie quería pasar. A otros, sin embargo, nos daba igual, y lo gritábamos a los cuatro vientos. ¿Era tan difícil de entender que un cómico formidable participara en cintas malas por dinero? No era el primero, ni mucho menos el último. Pero una sola película tiene el poder de cambiar la percepción de muchos y, aunque ello sea injusto para un profesional con una larga (y, sí, en ocasiones, infravalorada) filmografía a sus espaldas, no podemos negar que somos muchos los que respiramos aliviados y nos regocijamos del repentino éxito entre la crítica de Sandler.
El actor comenzó como otros muchos, haciendo monólogos a una edad muy temprana. Pero donde la mayoría lo conocimos fue cuando fichó por Saturday Night Live, y su talento empezó a ser retransmitido en toda la nación. Formando equipo con otros denostados genios de la comedia como Chris Farley, Rob Schneider o David Spade, su fama crecía y era solo cuestión de tiempo que acabara haciendo cine. Y así sucedió. Pero lo que realmente le chirría al público es que un actor cómico se dedique a hacer lo que los puristas consideran “cine de verdad”: es decir, drama. Y eso que siempre que Sandler los ha realizado a lo largo de su carrera ha salido muy bien parado, pero en 2020 parece haber dado el golpe de gracia.
Lo cierto es que el intérprete había firmado ya hace unos años un contrato de unas cuantas películas del tres al cuarto (y un film más serio con Noah Baumbach) para Netflix. Con la divertida Criminales en el marfue remontando el vuelo, explotando la tremenda química cómica que tiene con Jennifer Aniston, pero Diamantes en brutoha sido algo totalmente distinto. Los hermanos Safdie confiaron en él para ponerse frente a las cámaras en un proyecto ambicioso digno de ser nominado a cualquier gala de premios y, naturalmente, Sandler no ha decepcionado. A pesar de la comodidad que nos ofrece Netflix, da rabia que proyectos así no lleguen a un mayor público en las salas de cine, pues gustosos lo cambiaríamos por cualquiera de las muchas cintas sobrevaloradas que nos prometen el oro y el moro cada semana.
Y es que, quizá, Diamantes en brutono sea la obra maestra que algunos han proclamado que es, pero, sin duda, estamos ante un producto diferente. Lo podríamos definir de mil maneras, porque es un film raro, opresivo y, ante todo, electrizante. Una de esas películas que te cogen y no te sueltan, ni siquiera para respirar. Sobre el papel, todo parece trillado: las peripecias de un joyero adicto a apostar su dinero a cualquier cosa, que tendrá que ver cómo se las apaña para pagar una deuda a unos prestamistas. Pero la cinta cuenta con una galería de personajes ricos y complejos, con múltiples aristas y con facilidad para hacer que los ames y los odies a partes iguales.  Es capaz de brindarnos una mezcla bien balanceada de drama y thriller, en la que los nervios están a flor de piel durante sus más de dos horas de metraje. Es cine a todo gas y, al mismo tiempo, cocido a fuego lento. De lo mejor del año, y eso que acabamos de empezar. Pero, ante todo, es el remedio para que todos esos detractores aparten su odio por un momento y contemplen el poderoso trabajo de un actor infalible que, por fin, parece ser respetado.

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