Música

Los Planetas – Concerts de Vivers.Que vivan las viejas costumbres

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CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA: ¿Recordáis a los Geyperman? ¿Aquellos muñecos (poco) articulados de finales de los setenta y gran parte de lo ochenta? Si sobrepasáis los cuarenta años, como la gran mayoría de fans de Los Planetas, seguro que sí. Eran rígidos. Marciales. Inflexibles. Nada que ver con los que vendrían después. Pues así son mis movimientos a la hora de estirarme. Menos dúctiles que una barra de hierro. Menos vivaces que Don Pimpón en una cama de fieltro. Por eso nunca acompaño a mi mujer a clases de body combat, ni de body pump ni de zumba, por mucho que me lo suplique. Porque sería la risa. No aguantaría ni veinte minutos sin hacer el ridículo.

Bien, pues esa rigidez es la que sigue imperando en los conciertos de la banda granadina. No podía ser de otro modo. Como buenos hijos de su tiempo. Aquello del shoegaze y de la calculada desidia como algo que podría resultar hasta sexy. Y tiene también algo de romántico en unos tiempos en los que el factor aeróbico, la pirotecnia, la coreografía, la exhibición de músculo, la resistencia física y toda la hojarasca que envuelve a un show en vivo, cotiza bien al alza en el mundo de la música. Hasta Jim Kerr (Simple Minds) demostró quebrarse como un junco a sus 63 años, al día siguiente y en el mismo escenario, por mucha mata que haya desertado de su cabeza.

Esa obstinación en transmitir aparente indolencia (salvo por el énfasis de Eric Jimenez al aporrear la batería), que ya es marca de la casa y solivianta a profanos y detractores, pero conforta a adeptos a la causa, se vio más subrayada aún si cabe por los enormes auriculares que lució Jota al más puro estilo de uno de sus ídolos, Franco Battiato. Los Planetas son como ánforas romanas en tiempos de Rosalía y TikTok. Y está muy bien que así sea, siempre y cuando se apliquen en el muestreo de un repertorio que es historia viva de nuestro pop: “Segundo premio”, “De viaje”, “Santos que yo te pinte”, “Prueba esto”, “Un buen día”, “Ya no me asomo a la reja”, “David y Claudia” o una enorme “Toxicosmos”, así hasta 25 canciones, jalonando un concierto sólido y generoso que apenas tuvo nada de presentación – tampoco lo requería, la verdad – de Las canciones del agua (2022), y para el que contaron con el catalán El Último Vecino y los valencianos Nueve Desconocidos como teloneros. ¿Todos contentos? Por supuesto que sí.

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