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PLAZA REDONDA: BOCHORNOS AGOSTEÑOS

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Nunca hay dos sin tres. Desde que la Covid-19 nos tiene acogotados, las buenas noticias escasean más que los hipocampos en el Mar Menor. Las malas se suceden en agosto dejándonos sin resuello. El regreso de los talibanes al poder en Afganistán se convirtió en la pesadilla del mes, del año y casi con toda seguridad en una de las imágenes que mejor ilustran el declive del imperio americano. Lo que empezó como una vendetta de Bush Jr. por los atentados del 11-S (2001), terminó como el rosario de la aurora en versión talibán. “Libertad duradera”, bautizó Bush la campaña. ¡Vaya visión! Dos días antes de que Al-Qaeda estrellara cuatro aviones llenos de pasajeros contra el World Trade Center de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington, asesinando a casi 3.000 personas, Ahmad Shah Massoud, comandante de la coalición opositora a los talibanes fue asesinado (9 de septiembre de 2001) por orden de Osama bin Laden, líder de los terroristas, como preámbulo del 11-S. Han pasado dos décadas y cientos de miles de muertos en las lejanas montañas afganas, 75 de ellos en el mortal accidente del Yak-42 (26 de mayo de 2003), cuya responsabilidad el PP de Trillo/Aznar nunca asumió. Diez años después de la invasión, el 1 de mayo de 2011, las tropas imperiales cumplieron su misión de acabar con la vida de Bin Laden (oculto en Paquistán). Las tropas del imperio americano acompañadas por las de los países aliados en la nueva cruzada, permanecieron en el país en el que nunca pudieron reinar ni Sean Connery ni Michael Caine (El hombre que pudo reinar, de Huston basada en un relato homónimo de Kipling, transcurre en tierras afganas). Trump negoció con los talibanes la salida de las tropas americanas, y puso fecha al abandono. America First! Y así nos va. Las imágenes de los helicópteros sobrevolando Kabul rescatando diplomáticos remitía a las de la caída de Saigón en 1975. Demoledoras para un imperio en declive. Más claves del desastre afgano en la serie Homeland y en La guerra de Charlie Wilson, entre muchas otras. EEUU armó a los talibanes en los años 70, para combatir a los soviéticos. Desde entonces no ha dejado de armarlos. No hay más que ver el arsenal que ahora heredan. Otra bomba de relojería a las puertas de Europa, por si teníamos poco con nuestros propios talibanes. ¡Caramba con el amigo americano!

 DE CRISIS EN CRISIS

Nuestros aprendices de talibanes están acojonados desde que sienten el aliento de los neofranquistas en la nuca. Desorientados, les falta un Pablo Iglesias al que crucificar día sí, día también. Mientras se fijan en las babuchas del presidente, les roban la luna. No saben qué cámara de TV mirar. Critican por criticar, mientras los mandatarios de la Unión Europea glosan el buen hacer del gobierno de coalición. No lo tienen fácil, en el PP, digo. Gestionar la complejidad requiere algo más que aplicar el catón que nos dejó el franquismo. Le pasa también al Gobierno, todo hay que decirlo. Predica el acogimiento con los afganos, pero hace devoluciones en caliente o en semifrío de niños marroquíes que no quieren volver a su país. La complejidad también está plagada de contradicciones. Los movimientos migratorios van a más. Y no sólo por la crisis humanitaria en ciernes a causa del carcinoma talibán.

Todo apunta a que la climática superará a todas las crisis anteriores. Agosto nos ha traído algunos ejemplos extremos. Tifones deslocalizados, tormentas apocalípticas e incendios como antesala del infierno. Nada que no hubiera predicho la ciencia. El tiempo de rectificar se acaba. Los que tienen más responsabilidad en cambiar los comportamientos colectivos deberían variar su orden de preferencias. De eso se trata. No basta con avisar que viene el lobo, a veces es mejor no gritar tanto y hacer más.

En medio de la pandemia, y con olas de calor cada vez más intensas y frecuentes, las compañías eléctricas han hecho su agosto. Las privatizaciones que hizo el PP y que el PSOE no pudo o no quiso revertir, nos están costando un ojo de la cara. La factura eléctrica no para de subir, y todos se apuntan al carro de especular. Es lo que ha hecho Hidroeléctrica Española vaciando algunos pantanos para llenar sus bolsillos. Algunas formas de producción de energía son muy baratas. Los costes de sus instalaciones están amortizados y ahora para ellas, todo son beneficios. Pasa con las hidroeléctricas y con las nucleares.

Un gobierno de coalición tiene sus ventajas, incentiva la competencia interna para buscar las mejores soluciones. No basta con quejarse de las puertas giratorias, hace falta aplicar planes de choque para que la factura eléctrica no arruine familias y eche al traste la ansiada recuperación económica.

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