Cartelera Turia

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REGRESO AL EDÉN, DE PACO ROCA, ESPECTACULAR MUESTRA EN LA NAU

Sobrevivir en la ciudad lúgubre

El asombroso maridaje entre el cómic naturalista y humano de la familia del ilustrador Paco Roca (València, 1969) con el siniestro contexto histórico de la posguerra valenciana, documentado en imágenes y objetos, resulta sorprendente; es como un puñetazo en el estómago. Implacable lección para negacionistas y fachas de los que tanto abundan, para desgracia de todos, en este país.  Es también didáctico para las nuevas generaciones adolescentes que ignoran tan doloroso pasado. La exposición cuenta dos historias paralelas. Y el cariño con que Roca se acerca a la historia de su madre y la familia, sus magnificos dibujos de los merenderos de las palyas,  choca con crudeza con la abundante documentación gráfica e icónica que ofrece la muestra, comisariada por el eminente historiador José María Azkárraga.

Si bien de manera un tanto confusa en el diseño espacial, pues el espectador entra en una sala sonde la delicadeza de trazos del gran dibujante valenciano que es Roca, sigue los avatares de la familia de Antonia, al tiempo que contempla alucinado aquí y allá la barbarie represiva y el circo amenazador de los vencedores y verdugos. La línea clara y luminosa del historietista y el claroscuro de la realidad cotidiana de aquellos tiempos.

Y mientras la historia que nos cuenta Paco tiene siempre un toque de esperanza y amor, los documentos y fotografías deprimen al más pintado. Uno está recordando su propia infancia de los 50, pues las cosas no habían cambiado mucho desde la década anterior, y de pronto se enfrenta a los detestables NO-DOS de aquel tiempo, con imágenes que descubren un mundo terrible, una caricatura del fascismo español concretado en nuestra ciudad. La memoria feminista de la posguerra franquista, el protagonismo de la mujer, nuestras madres, tías y abuelas, sonrientes y activas pese al contexto infernal, forman un contraste efectivo. Objetos como las cajas de cerillas, las bombillas, los paquetes de tabaco de liar, los sellos, el fallerito fascista, las revistas, viejas como brujas,  la foto tremenda de una cocina de la época, las barracas, el molinillo, la botella de gaseosa, los cepillos de dientes con mago de metal…; vitrinas cargadas de un mundo de objetos cutre y oxidado, cuya visión en ocasiones dan ganas de llorar porque el espectador recuerda…y sufre. Paco es un brillante ilustrador de historias del siglo XX, pero también tiene mucho de historiador, como los investigadores e investigadoras que apuntalan con sus comentarios, la historia lúgubre de una ciudad vencida. Y es difícil no sentirse afligido, dolido, indignado ante las imágenes de las falleras extendiendo el brazo y las grandes concentraciones y desfiles de la chusma fascista. Porque frente a la presunta elegancia de los uniformes falangistas, charreteras y ringorrangos de los capitostes del régimen, emerge la dignidad de esas mujeres y niños que pinta Roca en su historia. Es esta una muestra que se ha que recorrer con calma, de hecho no tiene una dirección precisa, no es lineal. Buscar el detalle. La intimidad de la familia y sus problemas y el blanco y negro de la vida pública de Valencia en los 40. Un dibujo de Roca sobre cómo funcionaba el estraperlo es tan clarificador como la imagen de Franco y Hitler dándose la mano.

Es una exposición triste, la verdad es que uno sale de ella hecho un poco polvo. Es una historia sin esperanza, de pura supervivencia de la gente en un mundo de lobos y canallas que aprovechaban su situación para vengarse del pueblo llano. Moreno y Salazar citan una frase de Pier Paolo Pasolini en el catálogo: “Acaso tenga la energía necesaria para olvidar, o pretender olvidar, lo que me ha sido enseñado con palabras. Pero jamás podré olvidar lo que me han enseñado las cosas”. Y la muestra está cuajada de cosas que recuerdan un pasado que se difumina en la memoria. Y para todos aquellos ignorantes que quitan importancia el sufrimiento incontable de la posguerra impactan estas imágenes y fotografías, estas películas y el siempre reconfortante cuento de Roca. Otro investigador, Gutmaro Gómez, pone los pelos de punta cuando cuenta que “en 1943 morían anualmente en España 130.000 niños menores de cinco años”. ¿Por qué no se cuenta eso en las escuelas de primaria y secundaria todavía? ¿Por qué sigue el Sagrado Corazón que empuñó Franco en Valencia en la pared del Ayuntamiento? Y más espeluznante todavía es la reproducción de una carta de una miembro de la sección femenina a Pilar Primo de Ribera, cuando le implora que se suavicen las condiciones de las presas republicanas hacinadas en las cárceles: “(…) te ruego intercedas para que en la Dirección General de Seguridad no se peguen esas palizas, pues a muchas de ellas las tienen que sacar en camillas y el otro día le dieron una paliza a una mujer que abortó  en la Dirección y fue llevada a la cárcel”. Estremecedor, repugnante. Y el visitante de esta muestra sale entre abatido y cabreado al recordar cuanto sufrimiento, tanta miseria, tanto horror en la ciudad tomada. Menos mal que los excelentes dibujos de Paco Roca rescatan la humanidad y la silenciosa resistencia de tantas familias y mujeres que tuvieron que sufrir ese periodo histórico que no hay que olvidar.

Paco Roca escribe al final del catálogo que hace comics para “aprender, reflexionar sobre los temas que me parecen interesantes. Y esos temas que elijo suelen estar relacionados con la memoria y la identidad (…) mi parte preferida es el proceso en la documentación (…) es imposible contar algo si no lo comprendes”. Y este narrador gráfico ha comprendido; y su brillante obra hará comprender a los demás. Aunque les advierto que sufrirán, no se pierdan esta muestra. Recupera la dignidad perdida en los años de infamia.

REGRESO AL EDÉN, DE PACO ROCA, ESPECTACULAR MUESTRA EN LA NAU

EL CINE Y EL VINO/1

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