SANGRIENTA PARÁBOLA DE LA JUNGLA NEOLIBERAL. A PROPÓSITO DE JOKER

ABELARDO MUÑOZ. Podría ser un relato sobre ficción social, con aires de viejos cómic de aventuras, al estilo de V de Vendetta, pero va mucho más allá, rasca a fondo en la plasticidad y la estética del caos moderno, el espíritu anarquista de la revuelta sin motivo, la rabia que como un cáncer, corroe el cuerpo social y sus obscenas desigualdades. Se percibe la delgada línea roja que separa el thriller a lo Stephen King, sus ficciones inauditas, de una realidad más seria de lo que parece dentro de su desmadre escénico. Una parábola política envuelta en un celofán sangriento. Una película que alude directamente a la decadencia política que implica la era trumpiana, el presidente norteamericano, él mismo podría ser personaje de tebeo, que defiende hacer hamburguesas con los pobres e indocumentados de su país y que encarna la aporofobia en todas sus matices. No solo se trata de rechazar al pobre, hay que suprimirlo para que no interfiera en la vida de los que quieren ganar dinero a costa de lo que sea. La infracultura de la cuarta revolución industrial, salpicada de sangre, abuso y violencia incesante, con sus videojuegos al alcance de todos, su cinismo estético y cruel, sus abismo entre clases, está dibujando las ciudades modernas como auténticas junglas de tebeo, como la distópica Gotham, que es utilizada en esta potente historia como metáfora de las infernales macrociudades, diseñadas por el capitalismo más depredador y cruel. Ciudad ahora utilizada por Philips, con ironía orwelliana, para aludir con guiños estéticos a la podredumbre social del capitalismo que viene.


El neoliberalismo que anuncia un mundo cruel y despiadado en el que los humildes, los pobres de espíritu y los extranjeros no tienen cabida, y si la tienen son carne de cañón. Una cinta antisistema, sin duda, que abandona su apariencia de cuento para adolescentes aburridos, y deviene espejo original y eficaz sobre la angustia de vivir en un mundo violento y casi monstruoso. Ciudades en donde la miseria, la marginación y la violencia descontrolada son el pan de cada día.  Es irónico el que esta convincente cinta de Philips esté batiendo records de audiencia y generando polémica, justo cuando el ciberconsumidor pandigital ibérico es acosado en la televisión por las imágenes de la guerrilla urbana de los antisistema en Barcelona, la ciudad mártir que es otro Gotham de andar por casa estos días, entre balas de goma, rodamientos de acero y peleas con catanas del Raval. Violencia institucional y respuesta popular desmadrada. Las muertes de manifestantes que protestan contra los precios abusivos y la pobreza, la avaricia de los ricos en Santiago de Chile o las mazmorras para niños inmigrantes en la frontera de México, son rasgos de la deriva caótica a que nos lleva el sistema. La subcultura de la violencia ha creado una estética que no es inocente y nos convierte a todos cómplices de un mundo delirante en el que la muerte, el secuestro, los asesinatos a cold blood forman parte del espectáculo con el que nos desayunamos todos los días. La barbarie ya no nos es ajena y la sangre coagulada de las asesinadas forma un friso obsceno en las paredes de nuestra mente, como ese plano en el que Joker, supergenial Phoenix, exhibe su imposible sonrisa junto a la sangre de su víctima coagulada en la pared, como un cuadro escatológico de Francis Bacon.

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