MAITE IBAÑEZ: Cuando no se tiene relato cultural, se recurre a los iconos clásicos. Cuando no se apoya la gestión pública, se busca el negocio. Con estas dos ideas podemos explicar el afán del Partido Popular por Sorolla. Un camino que no llega y empieza a ser una obsesión que persigue inaugurarse en València antes de que termine el mandato, sea como como sea.Antes de entrar en materia, tenemos que recordar que hay un Museo Sorolla y está en Madrid por expreso deseo de la esposa del pintor. Clotilde García, en su testamento de 1925, legó al Estado español la casa y las colecciones que le pertenecían para que se creara un museo en memoria de su marido. Actualmente es un centro estatal gestionado por el Ministerio de Cultura. Este es ‘su Museo’, que quede claro.
Además, Joaquín Sorolla ha tenido en estos últimos treinta años importantes exposiciones en nuestra ciudad. El IVAM iniciaba su trayectoria en 1989 con una magnífica muestra de sesenta cuadros y una treintena de apuntes del autor, que contó con una numerosa respuesta de público. Posteriormente fue en 2007 cuando la inauguración del nuevo Centro Cultural Bancaja, permitió acondicionar el edificio para traer por primera vez a España los paneles que pintó para la Hispanic Society. Y como tercer espacio fundamental, contamos con el Museo de Bellas Artes de València que presentó en 2023 una sala de la colección permanente dedicada al pintor con cuarenta y seis obras. Todo esto para aclarar que València no ha menospreciado a Sorolla, ni mucho menos la exposición que llegará de la Hispanic debería considerarse una deuda de la ciudad con él.
Del trabajo profesional, pasamos a las prisas y las chapuzas de los últimos meses. Por ejemplo, una de las medidas estrella anunciadas por el Partido Popular fue la reconstrucción del monumento a Sorolla en la playa de El Cabanyal. Una decisión que no fue coordinada con la Demarcación de Costas, que no es viable por ley y de la que todavía estamos esperando que el Ayuntamiento de València proponga una ubicación alternativa. Siguieron las operaciones con la Hispanic, que la Generalitat acaba de blindar con una garantía de 300 millones. Pero por el camino se les olvidó preparar adecuadamente el espacio para mostrar los cuadros que llegarían de esta organización privada.
A día de hoy el Palacio de Comunicaciones todavía no tiene adjudicado el proyecto de reforma para convertirse en sala de exposiciones (que no en un museo) y cuyo alquiler temporal de las pinturas de Sorolla ascenderá a 1,15 millones anuales durante un período aproximado de 10 años. Una vez transcurrido ese tiempo los cuadros volverán a sus almacenes de Nueva York. Nuestra ciudad se quedará con las paredes vacías y con una importante reducción de sus arcas públicas, si tenemos en cuenta que los beneficios de esta gestión recaerán en manos de la fundación privada Light Art Exhibitions.
Este modelo no es nuevo. La política de los grandes eventos del PP ya la sufrimos con la Fórmula1 o la Copa América. En esta ocasión, se busca un espectáculo cultural en torno a la pintura de Sorolla, sin consolidación para el patrimonio de nuestra ciudad.
Mientras tanto, con las prisas por inaugurar, los cuadros de la Hispanic parece que llegarán al Museo de la Ciudad. Sorolla se expondrá en unas salas que iban a presentar un nuevo diseño para la colección pública municipal y que ahora ya no sabemos cuándo veremos… Pero en medio de todo este lobby cultural, los Sorolla no llegan. El PP se desespera y los negocios de la cultura afloran como en épocas pasadas ya conocimos en València.


