PEDRO URIS. Debut en la realización para la pantalla grande (tiene algún episodio en una serie televisiva) del reconocido guionista Rafael Cobos, un autor de contrastada experiencia en títulos como «Grupo 7» (2012) y «La isla mínima» (2014), ambos de Alberto Rodríguez, o la reciente y estupenda miniserie «Anatomía de un instante». Su sabiduría en la escritura cinematográfica está, pues, fuera de toda duda (la adaptación de la novela de Javier Cercas es un reto que no está al alcance de cualquiera, yo mismo la consideraba inadaptable), por lo que las debilidades que le encuentro a la película, la mayoría ya presentes en el guion, deben ser fruto de una decisión de escritura buscando un producto con una proyección popular más fácil.
La primera es la larga secuencia inicial situada en el pasado de los protagonistas, cuando eran unos niños, en la que se cuenta el drama que condiciona sus existencias. La trama al descubierto en la primera secuencia no parece ser un buen negocio, pero sí que asegura un seguimiento más sencillo por parte del espectador. La segunda llega al final, con el desentierro, no hacía falta, toda la emoción ya estaba en la escena de la antigua casa familiar (aunque se podría haber trabajado un poco más la salvación de la protagonista, pues no cuela eso de que no esté implicada cuando todos los testigos la han visto en el atraco) y con esta nueva escena solo se pretende seguir escarbando en los sentimientos del espectador más facilón, aunque sea a costa de licencias difíciles de aceptar, como que metan la pala justo encima del lugar en que se encuentra el cuerpo o que uno de los protagonistas use la pala como si tal cosa, a pesar de tener un balazo en el estómago (además, por lo que recuerdo, igual lo recuerdo mal, les disparan por la espalda, cuando el coche rompe el control, y sin embargo este tiene la herida en el vientre).
Seguimos con las elecciones del cineasta, siempre lícitas que para eso es el autor, y esta puedo compartirla, aunque genera una sensación un punto extraña, y es la adopción de los modelos narrativos de ese cine quinqui español de los ochenta, como si dijera vamos a contar esta historia que sucede en esos años tal como se contaban entonces. En este caso, incluso un riesgo que se toma el cineasta y eso siempre es de aplaudir.
Todas estas reservas no impiden que nos encontremos ante una película más que digna, que cruza dos tramas que sobre el papel parecen muy lejanas, la memoria histórica y el universo quinqui de los ochenta, resulta muy entretenida, con unos actores impecables, un muy buen diseño de producción, mucha eficacia en las secuencias de los atracos, con un drama central de mucha fuerza (el trío los dos hermanos y el padre) y atesora alguna muy buena escena, especialmente la excelente en casa del hermano policía cuando recibe la visita (familiar) de su otro hermano al que debe atrapar, en ese momento el talento del guionista brilla con luz propia.
