Cartelera Turia

EL MUR: UNA PELI DE TERROR

CARLOS LÓPEZ-OLANO: Rosalía se viste de monja en los vídeos promocionales de Lux, su último disco. La película Los domingos (Ruiz de Azúa, 2025) convierte en protagonista a una adolescente con vocación de clausura. Y Amaia Montero vuelve a la Oreja de Van Gogh con una canción en la que declara “creo en Dios, a mi manera…”. Es un no parar. Algunos expertos hablan de una tendencia postreligiosa: parece una moda orientada al narcisismo espiritual, o a una mercantilización de lo sagrado que tiene que ver más con la estética que con la ética. Pero cuidado, porque esto hay que enmarcarlo en una situación generalizada que puede tener una evolución muy negativa en el futuro.

Hablemos de cine: a la película de Alauda Ruiz de Azúa, triunfadora en el festival de San Sebastián y en los premios Forqué, hay que reconocerle su capacidad para generar polémica. La historia de esa niña que rehúsa a su familia tradicionalista –que no tiene nada de modélica– para entrar en un convento, provoca reacciones dispares y casi siempre viscerales. Hay quien alaba su interpretación, su respeto, su sensibilidad. A mí, francamente, no me gustó. La madre superiora que se convierte en modelo vital de la niña, el cura joven que la alecciona, la monja veterana en la que la protagonista puede atisbar lo que será su futuro a largo plazo, me dan pavor. El porvenir de esa joven que cree oír la voz de Dios en su interior, que la llama cuando le reza con el corazón, es aterrador. Aunque la directora se haya declarado no creyente, en la película se pierde la oportunidad de tomar partido. Y en esta ocasión, creo que valía la pena mojarse. Desde luego a la Iglesia le ha parecido bien, y ha recomendado a los fieles que la vean. Por ejemplo, Monseñor Munilla, el arzobispo de Orihuela-Alicante, ha dicho en su canal de YouTube: “En un mundo donde entrar a un monasterio de clausura es contracultural, Los Domingos presta un gran servicio al mostrarlo como una opción positiva”. Contracultural, dice. Qué más puedo añadir? a mí me pareció más una peli de miedo, que una espiritual. Además cuando fui al cine a verla, a mi lado había una pareja que asentía cuando las monjas lanzaban sus argumentos, y se irritaba y gesticulaba cuando otro personaje exponía críticas a la decisión de la adolescente. Y puestos a mostrar el papel de la religión y los religiosos en el cine, yo soy más de La noche del cazador (Laughton, 1955), donde el predicador interpretado por Robert Mitchum es un psicópata asesino con las palabras love/hate tatuadas en sus puños, recurso que utiliza en sus homilías para contraponer el bien y el mal.

La religión es el opio del pueblo, seguro que conocen la frase de Karl Marx, que acuñó en 1844, nada menos. En España, la connivencia de la Iglesia con el dictador que desfilaba bajo palio fue un hecho notorio. Sin ir más lejos, el convento de Santa Clara en la avenida Pérez Galdós de València fue una terrible prisión de mujeres en la postguerra, donde se cometieron infinidad de abusos sobre las reclusas. Hoy en la puerta del edificio se recuerda ese hecho dramático, en un cartel que por cierto alguien destruye periódicamente una y otra vez: sin duda el conocimiento de la historia referida a la religión aún escuece. Pero no crean que el poder de los curas es cosa tan sólo del pasado. La difusión del credo actualmente se hace también a través de influencers, como en el acto que se celebró en el Movistar Arena de Madrid hace unos días: seis mil personas participaron en un evento con música y speakers, con un rezo masivo como principal atracción. El movimiento Hakuna, vinculado al Opus Dei, se ha convertido en todo un reclamo para miles de jóvenes que llegan a la fe desde la música, con unos contenidos simplificados, que intentan dejar atrás el olor a cera y a rancio que sale de las sacristías.

Seguro que recuerdan también a Charlie Kirk, el influencer asesinado en septiembre y enterrado como un mártir de las armas, del negacionismo, del racismo y, en resumen, de Trump, que llegó a decir que la Virgen María era la respuesta al feminismo tóxico de la era moderna. Y eso que era protestante. El activista ultracatólico fue el creador de la influyente asociación de estudiantes conservadora Turning Point, de la que formaba parte la sección Faith, para movilizar a las comunidades religiosas en torno a temas conservadores.

Mientras, las últimas encuestas no dan tregua. En la de Sigma Dos para El Mundo, se advierte una tendencia clarísima a la derechización en la sociedad española: el bloque PP-Vox ha subido en 10 meses casi 14 puntos, reuniendo ya el apoyo del 51,5 % entre los jóvenes entre 18 y 29 años. Y la del CIS que afirma que un 26,8% de los hombres españoles cree que los años de la Dictadura fueron buenos o muy buenos, y que uno de cada tres de los que no tenían aún edad para votar en las últimas elecciones generales piensa que con Franco se vivía mejor.

En este contexto, díganme si no es preocupante la tendencia a la popularización de la retórica religiosa y católica entre los más jóvenes. Con Rosalía, con Amaia, o con Los domingos. Con Hakuna, Faith y los que borran la historia a la puerta del convento de Santa Clara. Y de fondo, los que creen que Franco era un abuelito entrañable. Y si en su conjunto, no componen una película de terror. Y de las malas.

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