NEL DIAGO: Hay un libro por ahí en el que su autor analiza esta obra y concluye, poco más o menos, que Lope de Vega era un misógino, o algo peor. ¿Por qué?, pues porque el analista atribuye al pensamiento del autor las palabras que en el texto dice Otavio, el padre de Nise y Finea, cuando le comenta a su amigo Miseno (otro viejo como él) sus tribulaciones a la hora de casar a sus hijas, Finea, boba pero con dote jugosa, y Nise, que deslumbra a los pretendientes por su sensibilidad poética e inteligencia (como “bachillera” la califica el padre de manera despectiva). Pero sucede que el planteamiento de la obra es exactamente el opuesto a esta idea, en “La dama boba” (o la “niña boba”, como tituló García Lorca su versión que estrenó en Buenos Aires en 1934) nos muestra a galanes descaradamente interesados, que no interesantes; lo es Liseo, el indiano, que ha concertado su boda con la rica pero simple Finea, pero por el camino se entera de las muchas cualidades de la hermana, Nise y de las pocas luces de su prometida, y él a lo que aspira es a una esposa de calidad, que dinero ya trae de Panamá (qué bello ese baile de sabor caribeño, pura salsa con varios siglos de antelación, que aquí, como suele ocurrir en casi todas las versiones de la pieza, suprimen o sustituyen con ritmos menos agraciados); y lo es, más aún, Laurencio, el poeta pobre que cortejaba inicialmente a Nise (qué elocuente ese soneto: “Pensamiento mudemos de sujeto”) y que se lanza a seducir a la necia y bien dotada Finea, intuyendo que el amor puede despertar en ella una inteligencia emocional adormecida, como así sucede, con lo que al final los varones consiguen sus objetivos (incluso el padre), pero gracias a los ardides de Finea, que se vuelve a fingir tonta cuando le conviene y manipula y engaña a todo el que se le ponga por delante para lograr su propósito (qué contraste con otra dama, la duende calderoniana, donde ella provoca el conflicto con sus atrevimientos, pero al final tiene que ser él, Don Manuel, quien lo solucione).
En este sentido, no parece que la adaptadora, Xus de la Cruz, haya tenido que esforzarse demasiado para que la trama resulte apropiada y cercana a nuestro tiempo. Mayor mérito habría que atribuir al director, Josep Maria Mestres, que ha sabido imprimir a la comedia un ritmo dinámico apoyándose en el buen hacer de los intérpretes: Joaquín Notario (Otavio), Carolina Rubio (Finea), Silvana Navas (Nise), Carlos Serrano (Laurencio), Pablo Béjar (Liseo), y el resto del elenco. La música, ejecutada en vivo, que ha corrido a cargo de Alberto Granados, también apuntala la vistosidad del espectáculo, así como el vestuario de Gabriela Salaverri o la iluminación de Juanjo Llorens.
Ojalá este interesante montaje, producción del Festival Hispanoamericano del Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid, Clásicos en Alcalá, Ajedrez Eventos y Octubre, pueda venir a Valencia durante la temporada, el público estudiantil (y el general, también) lo agradecería grandemente.


