CARLOS LÓPEZ-OLANO: La radio española recorre su camino últimamente de susto en susto, destitución en destitución. La crisis en el grupo Prisa se ahonda, con la polémica salida de Àngels Barceló, una de las grandes voces de la radio en España. La periodista catalana conduce el programa más escuchado, el “Hoy por Hoy”. Detrás de su salida parecen estar las presiones que habría recibido desde la dirección del grupo para introducir comentaristas más de derechas. Ángels se habría negado, y le han enseñado el camino de la puerta. Vamos que Joseph Oughourlian, presidente del grupo, vuelve al ataque. Cabe recordar que hace tan sólo unos meses, en Prisa radio defenestraron a la que era gran gurú del podcast en España, María Jesús Espinosa de los Monteros, junto a su segundo, Eugenio Viñas, una pareja de valencianos que estaban detrás de mucho de lo bueno que ha pasado en el mundo del podcast los últimos años. El terremoto continuado en la SER ha tenido réplicas también en Valencia: El delegado de la cadena en la Comunitat Valenciana Bernardo Guzmán –un periodista con una larguísima e impecable trayectoria y además buena persona– es desplazado a Murcia, después de toda una vida dedicada a la radio, primero en Antena 3, y luego en la SER.
Además, todo esto ha coincidido con el anuncio por parte de Carlos Alsina –otro grande de la radio, éste de Onda Cero– de retirarse del primer tramo del programa matinal “Más de uno”. Seguirá Alsina con la segunda parte, menos informativa, pero se jubila de la primera línea ya que según él mismo: está “gastado”. Lo delirante en este caso es que se llegó a decir que Alsina sustituiría a Barceló, lo que no tiene ningún sentido ante la decisión del periodista de dar un paso atrás y retirarse –aunque sea parcialmente–, algo por supuesto muy respetable y comprensible.

He leído interpretaciones de todo tipo sobre estos cambios en la radio española: la última, que los explica porque detrás hay un deseo por parte de las cadenas de rejuvenecer a los líderes de la radio española, y así poder hacer lo propio con la audiencia. Podría tener su lógica esta explicación, aunque creo que no es la verdadera razón de estos movimientos en la cúpula mediática. Es cierto que los líderes de la mañana en la radio española son sin duda bastante mayores: Barceló tiene 62 años, Alsina 56. Carlos Herrera –que sigue en la COPE– 68. Son los grandes madrugadores que sustituyeron a la pareja Gabilondo/Del Olmo –que gusto oír a Iñaki por cierto, en la inauguración de la Universitat d’Estiu de Gandia hace unos días: estuvo certero y ágil–. Pero los años pasan casi sin darnos cuenta para todos, y sin duda es un hecho que para captar audiencia joven hacen falta presentadores con menos años. Estoy totalmente de acuerdo con esto, aunque el rejuvenecimiento de la plantilla no está detrás del relevo de Barceló. La motivación política, con un deseo explícito de los directivos del grupo Prisa de separarse de un PSOE en horas bajas al que vaticinan un clamoroso fracaso en las elecciones del año próximo, creo que está en el origen de este movimiento en el que hay un deseo de conciliar más con el Partido Popular de Feijóo, y menos con un Pedro Sánchez debilitado y que afronta un período a priori, difícil.
El panorama audiovisual se complica además con la introducción de un nuevo operador: el nuevo canal de televisión de SIETE (Servicios Integrados de Entretenimiento Televisivo) llegará en menos de seis meses, es decir, a tiempo para intentar influir en la próxima campaña electoral. Según los impulsores, optarán por “la presencia de grandes profesionales de la comunicación al frente cada uno de su propio espacio”. Apuestan, dicen, “por la apertura de un espacio diverso y plural en el que cada profesional pueda desarrollar con plena independencia su propio discurso”. Detrás de este proyecto están accionistas díscolos de Prisa precisamente muy vinculados al PSOE, que finalmente de manera independiente y comandados por José Miguel Contreras –creador y consejero delegado de la Sexta en su fundación– han obtenido la licencia. Fue Joseph Oughourlian además el que frenó la iniciativa desde Prisa y forzó su salida del grupo, que hay que ver menudo lío tienen montado.
¿Será la Siete –o como quiera que la llamen– Tele Pedro? ¿Acabará Àngels Barceló presentando un programa en esta nueva televisión? Son interrogantes de momento sin respuesta. Su accionariado dispar plantea también alguna duda más: la que quieren que sea más una plataforma que una cadena de TDT que se suma a las seis majors existentes, está participada por el empresario argentino José Luis Manzano, que fue ministro del interior con Carlos Menem, y uno de los mayores donantes de la campaña que llevó a Javier Milei a la presidencia. Es cierto que los negocios emparejan a extraños compañeros de viaje, a veces. Pero no deja de chocar que coincidan tendencias tan dispares en la propiedad de un nuevo medio. En los últimos días han salido informaciones sobre que buscan presentadores y comentaristas de derechas, y que su objetivo declarado es reunir perfiles de distintas sensibilidades políticas.
Vamos, en mi interpretación, que van a ofrecer visiones polarizadas: o muy del PSOE, o muy de ultraderecha. Van a ofrecer a la audiencia debates con tensión, discusiones a tumba abierta sin posibilidad de encontrar puntos de encuentro. A lo mejor tienen éxito: al fin y al cabo la polarización y extremismo triunfan en las redes cada vez más, produciéndose una alarmante radicalización que impide alcanzar acuerdos. Pero desde luego, creo que no es una buena noticia para el periodismo ni para la salud democrática. El otro día el sabio en podcasts Gorka Zumeta recordaba en su blog al modelo de periodistas Walter Cronkite, que cuando se jubiló del CBS Evening News una periodista le preguntó a qué partido votaba. Cronkite le dijo: “si después de cuarenta años de profesión no lo habéis deducido, es que algo he hecho bien”. Desgraciadamente, esto es algo que pasa cada vez menos en nuestro país.
Acabo de oír un podcast sobre historia de España, hecho por RNEaudio. Se trata de Franco 4:58, con guión de Javier Hernández. En cinco capítulos, se cuenta el momento de la muerte del dictador, la larga agonía en el hospital, las maniobras del poder para perpetuarse, las circunstancias de un país al borde de un esperanzador cambio de era. Pero lo que más me interesa a mí en el enfoque, es la visión que aporta sobre como se contó el hecho histórico, el “cómo se hizo” periodístico. En el podcast se entrevistan a reconocidos periodistas de la época, algunos de los grandes, como Manuel Martín Ferrand (con el que tuve el gran gusto de trabajar aunque fuera mínimamente, muchos años más tarde en Antena 3 TV) o con el que luego triunfaría como presentador en los telediarios de la transición Lalo Azcona. A pesar de la censura previa, a pesar del control exhaustivo que el régimen ejercía sobre los medios públicos, un puñado de periodistas intentaban hacer su trabajo lo mejor que podían, y a veces lo conseguían. Todo eso, está muy bien contado en el trabajo de Javier Hernández.
Y no puedo dejar de pensar, que a pesar de la libertad de la que disfrutamos, ejercer el periodismo no es más fácil hoy en día que en aquellos tiempos.


