XIMO CÁDIZ: A riesgo de ser pesado con lo del Orgullo, no puedo dejar de responder a Jaime de los Santos, vicesecretario estatal de Educación e Igualdad del Partido Popular (fue asistente de la esposa del presidente Rajoy). Estuvo de excursión en València y se quejó de que Lambda, como convocante de la marcha, pide a las entidades participantes que firmen un manifiesto que, obviamente, denuncia los retrocesos y recortes que el PP y VOX están perpetrando. El vicesecretario del PP dijo que “excluir a cualquiera que no quiera firmar ese manifiesto sí que va en contra de la libertad, eso sí que es facha”.
Puntualicemos. El Orgullo es una expresión reivindicativa y festiva con una carga política irrenunciable de visibilidad social, de denuncia de la discriminación y de exigencia a los poderes políticos. No es una fiesta de la amnesia.
Recordemos: el PP y VOX han recortado los derechos que las leyes autonómicas reconocían a la personas LGTBIQ+, se han cebado con las personas trans (especialmente las menores), han liquidado el Armari de la Memòria que estaba recuperando y divulgando el pasado reciente del colectivo, se está saboteando el servicio Orienta que atiende las necesidades psicosociales de las personas del colectivo, el director general Stephane Soriano amenaza a Lambda con asfixiarlos económicamente, han decidido arrinconar los libros que abordan la temática de la diversidad sexual y de género en las bibliotecas públicas, toleran las “terapias de conversión” que pretenden “curarnos”, Feijóo ha anunciado que derogará la Ley 4/2023 para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI, el Ajuntament de València ha suprimido la financiación del programa que atiende a personas LGTBIQ+ en situación de exclusión, M.ª Jose Catalá nos comparó con enfermos, su gobierno municipal ha convertido (con la complicidad de los organizadores internacionales del evento) los Gay Games en una operación de estricta promoción turística en el exterior, pervirtiendo el proyecto inicial al anular la participación efectiva del asociacionismo LGTBIQ+ en su organización y suprimiendo toda connotación política y, al mismo tiempo, escondiendo el evento en la ciudad para no incomodar a su electorado más ultramontano. Y, si miramos más atrás, el PP se opuso al matrimonio igualitario y lo recurrió ante el Tribunal Constitucional.

Unos días más tarde, él mismo exclamaba en el Congreso de los Diputados “soy del PP, soy maricón y me siento muy orgulloso de ambas cosas y de todo lo que han hecho por mí hombres y mujeres libres de toda condición”. Con la excepción de Celia Villalobos (que votó a favor del matrimonio igualitario), no recuerdo a ningún otro representante del PP que se haya desmarcado de su línea contraria a la dignidad y los derechos de las personas LGTBIQ+.
¿Se imagina alguien que los supremacistas blancos del Ku Klux Klan participaran en la celebración Día Mundial contra el Racismo? La derecha española pretende algo así. El PP tiene que revisar mucho sus posiciones para poder, algún día, formar parte de la mayoría social que cada junio celebra el Orgullo LGTBIQ+.
Es buen momento para recuperar o descubrir algunos films. Stonevall, tanto la película de 1995 dirigida por Nigel Finch como la de 2015 de Roland Emmerich, explican muy bien el momento detonante del orgullo. También recomiendo Pride (2014) dirigida por Matthew Warchus para conocer las alianzas entre el activismo LGTBIQ+ y los huelguistas mineros en el Reino Unido contra Margaret Thatcher. Las tres se basan en hechos reales.


