Cartelera Turia

PALESTINA 36: CUANDO LA HISTORIA TODAVÍA NO HABÍA LLEGADO A 1948

PAUVERGARA: Para comprender Palestina quizá haya que retroceder más de lo que habitualmente retrocede el cine. Antes de 1948, antes de la Nakba, antes de la creación del Estado de Israel y antes incluso de que buena parte de las imágenes que hoy asociamos inevitablemente al conflicto quedaran fijadas en nuestra memoria colectiva. Palestina 36, escrita y dirigida por Annemarie Jacir, viaja hasta 1936 para situarnos en uno de esos momentos históricos que ayudan a entender muchas de las fracturas que vendrían después: la gran revuelta palestina contra el Mandato británico.

La elección del año no es casual. Entre 1936 y 1939, Palestina vivió una insurrección contra la administración colonial británica en un territorio sometido a una transformación política, económica y demográfica cada vez más profunda. El incremento de la inmigración judía procedente de Europa, las tensiones por la tierra, el rechazo al dominio británico y el creciente sentimiento nacional palestino fueron configurando un escenario explosivo. Jacir no contempla ese proceso desde la distancia de un manual de historia. Lo lleva hasta las calles, las aldeas, las casas y las vidas de quienes quedaron atrapados dentro de él.

Ese es uno de los elementos que hacen especialmente interesante a Palestina 36. La Historia aparece con mayúsculas, pero está contada desde abajo. En lugar de construir el relato únicamente alrededor de dirigentes, decisiones políticas y acontecimientos conocidos, la película observa cómo un proceso histórico acaba entrando inevitablemente en la existencia cotidiana de personas que inicialmente solo intentan continuar con sus vidas.

Entre ellas está Yusuf, interpretado por Daoud Anaya, un joven procedente del mundo rural que se traslada a Jerusalén. Su recorrido permite a Jacir establecer un puente entre dos realidades distintas de la Palestina de aquellos años. De un lado, las aldeas, la tierra y unas comunidades que empiezan a sentir directamente los efectos de los cambios. Del otro, Jerusalén, convertida en espacio de modernidad, poder colonial, convivencia y creciente tensión política.

Pero Palestina 36 no pretende ser únicamente la historia de Yusuf. Jacir construye un relato coral donde diferentes personajes permiten observar el mismo conflicto desde posiciones sociales distintas. Está Afra, una joven que intenta comprender un mundo que cambia demasiado deprisa mientras encuentra refugio en la relación con su abuela. También aparece un trabajador portuario cuya precariedad y experiencia laboral terminan acercándolo progresivamente a la rebelión. Historias aparentemente pequeñas que van quedando absorbidas por algo mucho mayor que ellas.

Ahí reside buena parte de la fuerza de la propuesta: mostrar cómo comienza una revuelta antes de que quienes participan en ella sepan todavía cuál será su desenlace. No existe para sus protagonistas la perspectiva histórica que poseemos nosotros. Ellos no saben que llegará 1948. No conocen todavía la palabra Nakba con el significado que adquirirá después. Habitan un presente incierto en el que cada decisión parece todavía abierta.

Y esa perspectiva convierte 1936 en algo más que una fecha.

La Gran Revuelta Árabe palestina fue un acontecimiento decisivo precisamente porque evidenció hasta qué punto el equilibrio existente bajo el Mandato británico estaba quebrándose. Huelgas, movilizaciones y resistencia armada fueron sucediéndose mientras las autoridades británicas intentaban recuperar el control del territorio. La película se instala en ese momento de aceleración histórica para observar cómo las tensiones políticas terminan transformándose en experiencias personales.

Para Annemarie Jacir, además, acercarse a este periodo supone continuar una trayectoria cinematográfica profundamente vinculada a la memoria y a la experiencia palestinas. Su mirada vuelve a interesarse por aquello que las grandes narraciones históricas suelen dejar fuera: las familias, los lugares, los recuerdos y las pequeñas decisiones individuales sobre las que finalmente también se construye la Historia.

ANTES DE LA NAKBA

La gran singularidad de Palestina 36 está precisamente en mirar hacia un periodo menos representado cinematográficamente. Buena parte de las películas dedicadas a Palestina han tomado como referencia 1948 o las décadas posteriores. Jacir decide desplazarse doce años atrás y preguntarse qué estaba ocurriendo antes.

El resultado permite contemplar Palestina no exclusivamente como escenario de una tragedia posterior, sino como una sociedad que ya existía, trabajaba, discutía, amaba, comerciaba y se transformaba. Una tierra atravesada por diferencias sociales, generacionales y políticas antes de quedar definitivamente condicionada por los acontecimientos que marcarían la segunda mitad del siglo XX.

Esta perspectiva resulta particularmente poderosa porque obliga al espectador a abandonar cualquier idea de que la historia comenzó repentinamente en 1948. Palestina 36 mira hacia los antecedentes, hacia las decisiones coloniales, las migraciones, los enfrentamientos y las resistencias que fueron acumulándose durante las décadas anteriores.

Pero Jacir parece interesada sobre todo en otra cuestión: qué ocurre con las personas cuando la Historia irrumpe en sus vidas. Cuándo alguien deja de observar desde la distancia y decide participar. Cuándo una dificultad económica se convierte en conciencia política. Cuándo defender una casa, una tierra o una forma de vida deja de ser únicamente una cuestión privada.

Por eso el carácter coral de la película resulta fundamental. No existe una única Palestina porque tampoco existe una única manera de vivir aquel momento. Campo y ciudad, jóvenes y mayores, trabajadores y familias atraviesan una transformación que cada personaje interpreta desde su propia experiencia.

Y sobre todos ellos pesa algo que nosotros conocemos y ellos todavía ignoran: el futuro.

Ese conocimiento introduce inevitablemente una dimensión trágica. El espectador observa 1936 sabiendo que después llegará 1948 y que la región entrará en un conflicto cuyas consecuencias continúan abiertas casi noventa años después. Cada paisaje, cada casa y cada conversación adquieren así una resonancia distinta.

Estrenada en España el 14 de agosto, Palestina 36 llega además en un momento en el que cualquier película sobre Palestina adquiere inevitablemente una lectura contemporánea. Pero quizá su mayor interés esté precisamente en resistirse a mirar únicamente el presente. Jacir retrocede hasta una generación anterior para recordar que ningún conflicto comienza el día en que el mundo empieza a prestarle atención.

A veces hay que mirar hacia atrás para comprender dónde empezó realmente la fractura. Y Palestina 36 lo hace regresando a un momento en el que casi todo lo que vendría después todavía estaba por suceder.

PALESTINA 36: CUANDO LA HISTORIA TODAVÍA NO HABÍA LLEGADO A 1948

EL PSPV SE VA DE APLEC EN

PALESTINA 36: CUANDO LA HISTORIA TODAVÍA NO HABÍA LLEGADO A 1948

REFUGIO CLIMÁTICO: ECLIPSADOS

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *