LA CONSELLERIA de Educación e Incultura estrenó nueva etapa con Carmen Ortí, tras la salida de José Antonio Rovira, el ya célebre “comegambas” o “Terminator”, enviado a Hacienda para vigilar las cuentas de los valencianos. Rovira deja un panorama erosionado, pero el relevo no ha cambiado el fondo: solo el envoltorio. Menos ruido, más reuniones. Menos bronca, más sonrisas. Pero el sistema sigue igual de atascado.
ORTÍ NO llega a un ecosistema cultural —teatro, danza, circo, música, gestión cultural, literatura— que lleva meses denunciando abandono, recortes y descoordinación. Un sector que ya venía haciendo malabares para sobrevivir entre convocatorias tardías, estructuras débiles y una administración que aparece más como obstáculo que como aliado por la inutilidad y desidia de sus gestores.
LA NUEVA consellera activa rápidamente el protocolo clásico: ronda de reuniones con asociaciones, colectivos, profesionales. AAPV, AVETID, gestores culturales, distribuidores, creadores… todos pasan por el despacho. Se habla mucho. Se escucha mucho y se promete aún más. Palabras como “diálogo”, “nueva etapa” o “escucha activa” empiezan a circular como moneda oficial. El encuentro clave llegó el 10 de febrero. El sector puso sobre la mesa todo el desastre: el colapso del Institut Valencià de Cultura, el Circuit Cultural, los retrasos en ayudas, la caída de producción valenciana, la falta de planificación. Los mismos arquitectos del desastre dando la cara tres años después de la llegada del torero Vicente Barrera. Son unos indolentes.
UN MES después de la reunión del sector de las artes escénicas volvía la movida solicitando una reunión urgente con la consellera del “diálogo” para denunciar de nuevo los recortes presupuestarios, los retrasos en ayudas y los cambios en el Circuit Cultural Valencià que, a su juicio, están agravando la situación de compañías y profesionales.
EL NUEVO Circuit Cultural Valencià parece diseñado por alguien que carece de los mínimos conocimientos de gestión pública. Programaciones comprimidas en el último cuatrimestre, municipios sin actividad durante meses, compañías trabajando sin continuidad, como si se tratara de trabajadores estacionales de la recolección de melones. Cultura en formato “atracón”: todo al final, nada durante el año. Un modelo que no responde ni al público ni a los profesionales.
EL DATO es tan simbólico como devastador: el Teatro Principal ha pasado más de un año sin programar compañías valencianas. En el principal escenario público de la ciudad. No es un error, es una declaración de su responsable, Maria José Mora.Mientras se habla de “impulso cultural”, la producción propia desaparece de los espacios teatrales institucionales.
LAS AYUDAS públicas llegan tarde, se resuelven tarde y se pagan tarde. Y cuando llegan, lo hacen con una carga burocrática que el sector describe como “sobredimensionada”. Resultado: compañías endeudadas, proyectos sin planificación y profesionales más pendientes de papeles que de crear. La cultura convertida en gestoría.
TRES AÑOS después de llegar al gobierno, la Conselleria de Incultura del PP anuncia que va a hacer… un estudio cultural. Otro estudio. Después de reuniones, quejas, comunicados, recortes y colapsos la se sacan “un estudio” de la chistera para ganar tiempo y tratar de dormir a la ovejas. Así que se ha pasado de la expectativa a la frustración, y de la frustración al hartazgo. Quieren un sector callado.
HABLAMOS de “Incultura, pero lo que está pasando en el otro sector de la Consellería. la de Educación, no es menos grave. En paralelo al caos cultural, la otra mitad del despacho de Carmen Ortí arde sin necesidad de metáforas. Educación está en punto de ebullición. El profesorado ha roto el diálogo con la Consellería tras meses —desde septiembre— reclamando mejoras salariales, reducción de burocracia y planificación real. La última reunión fue el resumen perfecto de la legislatura: buenas palabras, cero propuestas, ninguna cifra y todo supeditado a unos presupuestos que no existen.
MIENTRAS tanto, los sindicatos —STEPV, CCOO, UGT, CSIF— ya hablan abiertamente de huelga indefinida a partir de mayo. No como amenaza, sino como consecuencia. Porque cuando una administración responde al conflicto con “ya veremos en otoño”, lo que está diciendo en realidad es “aguantad”. Y el profesorado ha decidido que no.
ORTÍ INSISTE en que hay voluntad negociadora, que se está trabajando, que habrá una propuesta. Pero sin fechas, sin cantidades y sin calendario. Es decir, sin nada. El profesorado, que lleva meses pidiendo exactamente eso —concreción—, ya no compra el relato. De hecho, lo califica directamente de chantaje: se les pide responsabilidad para no afectar al alumnado mientras se ignoran sus condiciones laborales. La paradoja es brutal: se apela a la calidad educativa mientras se desprecia a quienes la sostienen. Y así, entre apelaciones a la calma y reuniones estériles, la Conselleria ha conseguido lo impensable: unificar a todo el frente sindical en una misma respuesta.
EL CONFLICTO no es nuevo, pero sí acumulativo. El profesorado valenciano sigue estando por debajo de la media estatal en retribuciones, con plantillas tensionadas y una carga burocrática creciente. Las reivindicaciones no son revolucionarias: equiparación salarial, más recursos, menos papeleo. Pero ni eso ha sido suficiente para provocar una respuesta política. La sensación en los centros es clara: la administración no solo no mejora, sino que posterga cualquier solución. Y cuando una administración pospone sistemáticamente los problemas, lo que genera no es estabilidad. Es conflicto.
EN MEDIO de este incendio educativo, aparece el episodio que lo resume todo. Jordi Martí, nombrado bajo el paraguas político de Pérez Llorca responsable de Formación del Profesorado de la Consellería de Educación, ha tenido que dimitir por su actitud faltona y chulesca con el profesorado. La polémica se remonta al contenido del libro Educación 6.9. Fábrica de gurús, publicado en 2022 y denunciado ante los grupos de las Corts Valencianes por un funcionario de la Conselleria de Educación, según el Diario.es
PORQUE NO estamos hablando de un desliz en una entrevista ni de una frase sacada de contexto. Estamos hablando de afirmaciones como definir a parte del profesorado como “los más estúpidos de la pirámide”, un desprecio frontal hacia quienes, paradójicamente, debía formar. O de un tono general que, según la denuncia interna, incluía expresiones denigrantes hacia los docentes, lenguaje sexualmente explícito y referencias que banalizaban el Holocausto.
ES DECIR, el máximo responsable institucional de la formación del profesorado escribiendo sobre ese mismo profesorado con una mezcla de soberbia, sarcasmo y desprecio que no resiste el más mínimo filtro ético.
LO VERDADERAMENTE grave no es solo el contenido —que ya lo es—, sino la posición desde la que se emite. No es un tertuliano, no es un columnista provocador, no es un outsider. Es un alto cargo público encargado de diseñar cómo se deben formar los docentes valencianos. Un cargo que exige —o debería exigir— ejemplaridad, respeto institucional y un mínimo de coherencia con la función que desempeña.

